Hermanos pero no primos

Les ha bastado un año de ejercicio del poder, para arruinar treinta de paciente labor social y política. Las encuestas, que reflejan 40 puntos de desplome en la popularidad de los Hermanos Musulmanes, no mienten, como tampoco la multitud que abarrota la Plaza Tahir o los millones que inundan las calles.

En esta turbulenta marcha hacia el precipicio, la decisión del presidente Mursi de arrogarse temporalmente poderes absolutos el pasado noviembre, fue sólo una pifia más.

Lo que ha fracasado en Egipto es un personaje y un movimiento que se hicieron con el poder en las urnas, prometiendo conciliación nacional y eficacia económica, y sólo han logrado más desempleo, inseguridad, pobreza y tensión sectaria.

Transcurridos dos años del derrocamiento de Mubarak, los egipcios ven con creciente desesperación y desconfianza como desde el palacio presidencial, un sátrapa barbudo maniobra para hacer del Corán el punto de referencia.

Y en paralelo a esa ‘Hermanización del Estado’, la economía se hunde, desaparece asustado el turismo y colapsan los servicios público, incluyendo desde el suministro eléctrico a la atención sanitaria básica, víctimas de esa mezcla tóxica que son la escasa financiación y la ineptitud.

Esto último es letal para Mursi, porque ha hecho que los sectores más pobres y despolitizados del país, se sumen a la revuelta. Ya no son sólo estudiantes con Twitter, clases medias laicas y nostálgicos del viejo régimen los que se agitan.

Ahora es la mayoría absoluta del pueblo y sobre ese escenario reaparece el Ejército para proponer un Gobierno de unidad nacional en el que, una vez más y desde las bambalinas, será el árbitro.

Los militares estaban en un segundo plano, pero nunca se han ido. Es imposible que lo hagan en un país como Egipto y las maniobras para arrinconarles que ejecuta desde hace muchos meses la hermandad, han terminado colmando su paciencia.

Desde 1952, cuando un grupo de oficiales liderados por Nasser derrocó al seboso rey Faruk, los militares se han considerado los garantes de las esencias del país.

Hubiera sido extraño que se hubieran dejado arrebatar mansamente los beneficios de todo tipo que eso les acarrea.

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Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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