Francisco Muro de Iscar – Wert, propósitos y despropósitos


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Es curioso como el ministro Wert, que ayer llenó a rebosar Los Desayunos de Europa Press, teniendo razón en el fondo en muchas cuestiones sobre la reforma educativa, logra un rechazo general. Es posible que los que se manifiestan en contra -y que, como él dice, no han planteado ninguna alternativa- hagan mucho ruido y que los que están a favor se callen. Pero cada vez que habla provoca un incendio emocional. Y no es bombero.

España necesita una reforma educativa porque la enseñanza en los últimos treinta años -sólo reformas socialistas- nos ha llevado a unos descomunales índices de fracaso y a una desvalorización de la enseñanza -también de la pública, ojo, y no por culpa de las políticas del PP- que nos coloca en la cola de Europa. O cambiamos o cerramos. Quienes se oponen a la reforma quieren mantener lo que hay, es decir, el fracaso más grande de la historia y una condena al paro para casi todos los estudiantes. Un 25 por ciento de fracaso de los que terminan la enseñanza obligatoria, un desempleo juvenil del 56 por ciento, un rendimiento cada vez más bajo en todos los niveles, una FP devaluada, una Universidad desnortada deberían hacer que nadie discutiera una reforma en profundidad del sistema. Wert dijo ayer dijo que el 60 por ciento de su tiempo lo había dedicado a tratar de conseguir convencer a todos los partidos. Como todo lo haga igual.

También entró en lo de las becas. Se ha tenido que bajar los pantalones aunque tiene razón. Hay que exigir que los que reciben una subvención de los contribuyentes, al menos la justifiquen estudiando. Y si esa subvención es la exención de tasas y un dinero complementario -las becas- lo deben justificar si cabe un poco más. Un 6,5 no es un disparate, pero ayer la volvió a liar al decir que estaba dolido por haber tenido que renunciar «a las becas de excelencia para pagar las becas sociales». Se mete en el charco sin que nadie le empuje.

Resulta que tenemos una selectividad para ingresar en la Universidad que aprueban el 95 o 97 por ciento, lo cual significa que es una prueba inútil. Wert la quiere cambiar y la Conferencia de Rectores se opone. Aunque no dijo qué tanto por ciento de su tiempo ha dedicado a convencer a los rectores, tampoco el diálogo funcionó. Ayer le dijeron al ministro de Educación que la causa podría estar en su «soberbia intelectual», su arrogancia y un aire chulesco al enfrentar los problemas. Dijo que procuraría enmendarse, pero no se le veía muy dispuesto. Es listo, incisivo, rápido, y muchos le ríen las gracias. Eso es malo, porque su actitud pone en riesgo la reforma que quiere emprender. Yo no sé si es la que necesita España, pero los hechos demuestran que lo que hemos tenido nos ha llevado al desastre. A mí no me importa que siga o no en política, quiero una reforma educativa eficaz y duradera. Dudo que vaya a ser ésta.

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