Antonio Casado – Al son de Bárcenas.


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

Se extiende la sensación de que Luis Bárcenas, el cajero del PP a lo largo de casi veinte años, actualmente en prisión, ha disparado la prima de riesgo en el partido. Sus últimas revelaciones, formuladas antes de entrar en prisión y publicadas diez días después de su encarcelamiento, parecen confirmar la amenaza de convertir su memoria «B» (es decir, la parte inconfesable) en un ventilador de basura para todos.

La reacción en Génova y en Moncloa ha sido elusiva, una vez más. Pero al menos esta vez no se sugiere la existencia de una «causa general contra el PP», que es la misma tentación en la que han caído las alturas del PSOE respecto a la imputación de veinte responsables políticos y administrativos en el gobierno de la Junta de Andalucía por el caso de los ERE. En esta ocasión, desde el PP nos llega un mensaje unificado y razonable: que Bárcenas diga en sede judicial, y no mediática, lo que tenga que decir. Si es con la colaboración de los propios responsables del PP, mejor que mejor. Y ahí es donde salta la chispa.

Ahí es donde puede producirse el cortocircuito en la organización del partido liderado antes por José María Aznar y ahora por Mariano Rajoy. Es una de las claves, porque si se lleva hasta sus últimas consecuencias la sana doctrina del caiga quien caiga, resultará que los equipos de Aznar quedarán más expuestos que los equipos de Rajoy al ventilador. Por eso es difícil que se abra paso aquel inicial «que cada palo aguante su vela» de Dolores de Cospedal, que ya en su día fue visto como un gesto insolidario de la secretaria general respecto a los equipos anteriores a octubre de 2004, dirigidos por Aznar.

La reacción oficial del PP a las últimas revelaciones de Bárcenas, en las que éste detalla las vías de entrada de dinero opaco en el partido, consiste en señalar al ex tesorero el despacho del juez Ruz como el lugar adecuado para «tirar de la manta», añadiendo que el PP no tiene nada que ocultar, pues su contabilidad siempre fue transparente. Por tanto, el PP no está en absoluto preocupado, según ya dijo hace unos días el propio presidente del Gobierno en Bruselas. No puede decir otra cosa. Solo faltaba que reconociese estar preocupado.

Se supone que la procesión va por dentro, si tenemos en cuenta que este individuo controló las finanzas del partido durante casi veinte años, dice conservar nueve cajas de documentos y se siente abandonado a su suerte por los suyos. Lo que no pude permitir la dirección del PP es que el partido baile al son de Bárcenas, ni el presidente del Gobierno que se extienda la idea de estar a merced de un sinvergüenza. Ese es el efecto tóxico de echar balones fuera y hacer como si no se viera al elefante plantado delante. Una excusa tan sonrojante como la de que «estamos ante una causa general que busca perjudicar al PP» solo sirve para reforzar las sospechas de que, efectivamente, este partido está dominado por el pánico.

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