Francisco Muro de Iscar – Es la ciencia, estúpidos.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

La Unión Europea va a destinar 22.000 millones a I+D+i mientras el CSIC, nuestro principal organismo científico está al borde del cierre y anda mendigando 75 millones de euros para poder sobrevivir. Ese es nuestro retrato de futuro. Sin ciencia no hay futuro y aunque la crisis haya cerrado casi todos los grifos, el país que deja de invertir en investigación, en innovación, en desarrollo, en tecnología no sólo no sale del pozo sino que retrocede décadas. Como los políticos están a otras cosas, volveremos hacia atrás, después de unos pocos años que parecían prometer otro futuro.

Juan Jesús Aznar, un periodista catalán acaba de publicar un excelente libro («Diálogos alrededor de la ciencia», Calligraf, 2013) que acaba de ser presentado en Madrid. El libro surge de un inteligente proyecto puesto en marcha en Figueres, en el Ampurdán que consistía, entre otras cosas, en llevar científicos, muchos del propio CSIC, para que dialogaran sobre la ciencia con otros investigadores y con los ciudadanos. El libro es mucho más que veinte entrevistas y permite conocer qué es, cómo está y dónde pretende ir la ciencia española. Si la dejaran, claro.

Son diálogos, pero también es un diagnóstico sobre la realidad. En el prólogo, Enric Trillas, ex presidente del CSIC, pone sobre la mesa muchos de los problemas de la ciencia española. En España hay grandes investigadores, algunos centros de excelencia reconocidos mundialmente -y no sólo en Madrid y Barcelona sino en otras ciudades- y algunas redes bien cohesionadas. También hay muchos investigadores manifiestamente mejorables y unos pocos, o no tan pocos, a los que sólo sostiene la endogamia, especialmente si trabajan en la Universidad. Y algo más muy importante: una escasísima, pobre, insuficiente investigación en empresas y centros privados. Si no fuera por la inversión de Estado -que se viene abajo cuando no hay qué gastar- no existiría investigación en España. Así nos va. Tal vez por eso, muchos de nuestros mejores investigadores se van fuera y será difícil que vuelvan, por más que el Don Juan Carlos pida a los jóvenes que «cuando se den las condiciones» regresen a España. Si eso llega, será difícil que cambien un trabajo con futuro por una promesa vacía.

El problema es que los políticos, los empresarios, los ciudadanos no ven qué relación tiene con nosotros esa labor oscura, dura, mal pagada, nada valorada socialmente, de muchos investigadores. Pero sin su trabajo, sin la aplicación de la ciencia a la tecnología, esta sociedad moderna seguiría en la edad media. Y sin dedicar recursos, medios, valoración a estos científicos españoles -algunos reconocidos sólo fuera de nuestras fronteras- este país nuestro no saldrá nunca de la crisis, aunque se acabe la crisis. La riqueza de las naciones, dice Trillas, depende muy directamente de las empresas y la de éstas, de la tecnología y de la cualificación de sus trabajadores. Al descuidar la investigación y la educación, nos cargamos el futuro. ¿Cuántos de los que hoy terminan sus carreras podrán emprender una actividad investigadora? El panorama es desolador. Lean el libro de Juan Jesús Aznar y cambien el rumbo.

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