Escaño cero – Jaque a Rajoy.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Por más que se empeñen los populares en que los mensajes intercambiados por Mariano Rajoy y Luis Bárcenas no añaden nada nuevo e insistan además que no temen al ex tesorero, lo cierto es que el escándalo está servido.

Desde el PP insisten en que el asunto Bárcenas, en sede judicial, terminará quedando en nada para el PP, y que el principal perjudicado será el propio Bárcenas. Pero esta es una pretensión baladí. Ahora mismo lo que hay sobre la mesa es un escándalo político que deja en entredicho al mismísimo presidente de Gobierno que a lo que hemos leído en el diario El Mundo ha estado intercambiándose correos amistosos y de apoyo con el ex tesorero del PP.

Lo ha dicho bien claro Alfredo Pérez Rubalcaba: si Bárcenas es un delincuente en todo caso es el delincuente del PP. Porque Luis Bárcenas ha sido tesorero y senador y por lo que hemos leído en los correros que intercambiaba con Rajoy, contaba con la amistad y el apoyo del Presidente del Gobierno.

De manera que Mariano Rajoy tiene un problema, y no un problema cualquiera.

Los correos intercambiados con Bárcenas le dejan en evidencia y en una situación de debilidad política difícilmente sostenible. Y sí, seguramente hay un sector del PP que apuesta por un cambio de liderazgo en el partido y en el gobierno, pero más allá de cualquier teoría de la conspiración por verdad que sea, la realidad es que Bárcenas existe y no se lo ha inventado los enemigos internos y externos de Rajoy.

Seguramente Mariano Rajoy no es el único responsable, ni siquiera el más importante, en los años en que Bárcenas campaba por el PP haciendo y deshaciendo. Pero ahora es el presidente del Gobierno además del PP y le toca a él asumir el «marrón».

Seguramente Mariano Rajoy está perplejo, preguntándose cómo se puede ver envuelto en esta situación. La respuesta es de manual: Bárcenas se siente abandonado por su partido y por el mismísimo Rajoy y actúa a la desesperada. No está dispuesto a dejarse sacrificar por el bien de su partido. Parece mentira que con los antecedentes que hay en la política española (acuérdense del caso Filesa), Rajoy y los suyos no calcularan que si su ex tesorero se sentía abandonado se defendería con algo más que palabras.

El hecho de que el PSOE haya decidido romper relaciones con el Gobierno, o que Rosa Diez lleve un par de días reclamando una moción de censura, o que otros partidos pidan abiertamente la dimisión del presidente, coloca a Mariano Rajoy en una situación política imposible por más que el PP tenga mayoría absoluta.

Rajoy es hoy un presidente acorralado, en entredicho, con la credibilidad por los suelos, y la autoridad hecha trizas. Es un presidente denostado por parte de los suyos pero sobre todo que ha decepcionado a sus propios votantes. El se presentaba a sí mismo como un hombre previsible, y es lo que parecía, un político sin demasiado perfil, sin un liderazgo fuerte, más bien un político de carril que no nos depararía ni grandes momentos ni grandes sorpresas. Pero no ha sido así.

Luis Bárcenas le ha dado jaque. Y muchos en su propio partido no descartan que L.B termine dando jaque mate a la carrera política de Mariano Rajoy.

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