Fernando Jáuregui – Sobre la política con «p» muy minúscula


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Susana Díaz, candidata única a la sucesión de Griñán como presidente de la Junta de Andalucía. No hay primarias, porque ningún otro candidato obtuvo los avales necesarios: comprensible, teniendo en cuenta el dominio que la señora Díaz tiene del «aparato» socialista andaluz y la premura de tiempo para presentarse, que no ha permitido hacer una campaña como todos creemos que debe hacerse, ni contactar con los militantes de manera adecuada. Cierto: los otros dos candidatos han mostrado escasa voluntad de ganar el uno y desmesurada ambición dada su posición, el otro. Pero eso no altera lo que digo: la política, con «p» minúscula, porque falta «grandeur» por todos los poros, es lo que hoy impera aquí. No hay otra manera de definir el compendio de miserias que todos estamos mostrando, y del que las «primarias» andaluzas del próximo día 29 no son sino el más reciente, y ni siquiera el más clamoroso, ejemplo.

He de decir que, al menos, el PSOE ha impuesto finalmente las elecciones primarias para seleccionar a sus candidatos. Es algo, aunque bien es verdad que ya Rubalcaba evitó, como pudo, confrontarse con Carme Chacón, y en la Comunidad Valenciana el candidato Toni Asunción fue apeado por el «aparato» local por un quítame allá esos avales. Siempre he dicho que cuando las primarias sean obligatorias para todos los partidos, lo mismo que la limitación de mandatos de ciertos altos cargos y el desbloqueo de las candidaturas electorales, mucho se habrá regenerado en la vida política española. Pero eso sí, sin trampas, sin dejar lugar a dudas sobre la limpieza del proceso.

Y así vivimos hoy, inmersos en la política sin el menor atisbo de mayúsculas: abocados a una moción de censura socialista contra el Gobierno de Rajoy que ni los socialistas quieren y a una negativa de comparecencia parlamentaria del presidente del Gobierno que ni los del PP comparten. Con los dos principales partidos nacionales preguntándose por qué no impera una mínima cordura en ellos mismos y por qué nos empeñamos todos -será el calor, dicen los más optimistas- en despeñarnos hacia el abismo. Y, mientras, los chicos del «Financial», que tan por encima del hombro miran al mundo mundial, cachondeándose y dándonos consejos que para ellos no tienen; porca miseria.

Ya digo: la reflexión de hoy viene dada por lo de la señora Díaz, cuyo movimiento político, más que el socialismo, es definido por el andaluz medio como «el susanismo»: fuera de las estructuras férreas del partido no hay salvación. Estoy convencido, y espero que se me permita la discrepancia sin que se me acuse de «pepero», de machista o de poco constructivo –que de todo se acusa, por los unos, los otros y los de más allá, al que no dice «amén»–, de que había mejores alternativas con posibilidades de presidir nada menos que la Comunidad Autónoma andaluza. Pero, en fin, tampoco enfrente parece que haya nada demasiado peligroso para poner en cuestión la continuidad de los socialistas en ese granero de votos, así que todos tranquilos: rebus sic stantibus…O sea, que nada cambie para que todo siga igual. Ay, Dios, qué país nuestro este…

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