Andrés Aberasturi – Ocultar el cadáver es lo peor


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Leo en el digital «Diariocritico» que el PP está estudiando la posible doble comparecencia de Mariano Rajoy en el Parlamento y, posteriormente, en una rueda de prensa de verdad, de las de toda la vida, de las que nos enseñaban cuando estudiábamos periodismo y no estos sucedáneos que se han inventado últimamente que ni son ruedas ni son de prensa. Pues ya era hora. Y quede claro que cuando se habla de la nefasta política de comunicación del Gobierno, hay que salvar a la tropa de compañeros instalados en esa dependencia que, estoy seguro, coinciden con la inmensa mayoría de quienes no entendemos por qué Rajoy se ha instalado en el mutismo. Pero una cosa son los curritos que trabajan en el gabinete de comunicación y otra bien distinta eso que se ha dado en llamar «cúpula» -y que imagino encabeza en estos temas Arriola- que se empeñan en no ver lo que un niño termina diciendo al final: el rey está desnudo.

La larga espera -y aun no es segura esa comparecencia- se iba amparando en diversas y absurdas razones para salvar la dignidad del Presidente: la comparecencia de Rajoy no la iba a condicionar el encarcelado Bárcenas; después no la iba a hacer por imposición los medios españoles y extranjeros que no entendían su silencio monástico y al final no iba a ceder al ultimátum de Rubalcaba ni aunque el líder de la oposición estuviera acompañado por todos los grupos de la cámara y menos aun con la amenaza de una moción de censura. Llegados a este punto, la comparecencia de Rajoy resultaba ya imposible porque el mundo -como eufemismo y en minúsculas- estaba contra él. Parece que ahora la cúpula se plantea lo que debió plantearse hace meses: acudir al Parlamento -como es su obligación- a petición propia y decir allí lo que quiera decir y someterse luego a una ruda de prensa sin pactos ni componendas. Se supone que antes de tomar esta decisión habrán tratado por todos los medios de llegar a acuerdos en negociaciones más o menos secretas, pero es urgente la explicación. Urgente y fácil si los políticos tuvieran una pizca de humildad.

La magnífica periodista Lucía Méndez le escribía hace unos días el discurso a Rajoy en una columna titulada «Comparezco ante ustedes» en «El Mundo», ese discurso que Rajoy nunca pronunciará. Recomiendo que lo busquen los lectores en Internet y, ya puesto, recomiendo que alguien de la «cúpula» se lo pase al Presidente; lo que proponía Lucía era un derroche de realismo limpio y honesto, de sinceridad y de lógica que, además de necesario, aumentaría la comprensión de los españoles, taparía muchas bocas y marcaría un nuevo camino en las formas, hasta ahora altaneras, de hacer política en España.

Si es que esto es como en las películas: un tipo se encuentra con un cadáver y su primera reacción es llamar a la policía: luego le entra pánico por si se creen que ha sido él quien lo ha matado y decide esconderlo o huir. Y ahí empieza su calvario. Decir la verdad, contar los hechos y asumir las responsabilidades desde el principio puede dar miedo, pero ocultar el cadáver termina por condenarte. Hay que elegir.

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