No te va a gustar – La semana más importante de la legislatura


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Jamás se me ocurrirá decir que en esta Legislatura, en lo que llevamos de ella, no se haya hecho nada. No sería cierto: ha habido cambios -no «el Cambio»–, reformas -acaso no las sustanciales–, modificación de actitudes -aunque no tan radical como sería preciso–.

Pero, en general, todo indica que la desesperación va dando lugar a cierta esperanza, al menos en algunos aspectos económicos. Pero la crisis, se ha repetido hasta la saciedad, es política, mucho más que económica. Por eso mismo, estoy, sin duda como usted, lejos del entusiasmo; más bien sigo instalado en el desconcierto. Pero me rebela pensar que un recluso en Soto del Real sea quien nos esté dictando lo que hay que hacer con y en el calendario político, con nuestra clase política, con los titulares de nuestros periódicos. Por tanto, hay que moverse. Y rápido, dejando al recluso sin los rayos flamígeros con los que, dicen, tanto está disfrutando para consumar su venganza, aunque sea desde la cárcel.

Ya he comentado alguna vez que el efecto más perverso de las revelaciones del preso ha sido destruir el inicio del consenso -empezó por los temas europeos; iba a seguir también por otros caminos- entre el Gobierno y el principal partido de la oposición. Y llevar a los dos grandes partidos nacionales a sendas situaciones absurdas: Rajoy se ve obligado -también por su propia militancia- a dar explicaciones que, por su propia naturaleza, le van a resultar muy difíciles, y ello en sede parlamentaria y posiblemente también ante la prensa. Y Rubalcaba ha sentido la necesidad de anunciar que, si Rajoy no da estas explicaciones, presentará una moción de censura que obviamente perderá el PSOE por muchos conceptos. Los dos máximos representantes de la política española entran, así, en una situación de fragilidad máxima, cuando hace apenas tres semanas se fortalecían con un atisbo de acuerdo entre ambos: acabó el «teléfono rojo» entre La Moncloa y Ferraz, acabaron los encuentros «sin publicidad», se terminó la ofensiva conjunta ante Europa. Claro retroceso general, y también, para ellos en particular.

Y hemos entrado, así, para concluir este tremendo mes de julio, en la que podría ser acaso la semana más importante de lo que va de Legislatura. Una semana en la que presumiblemente conoceremos si Rajoy va a comparecer ante el Parlamento, cuándo y, si se puede decir así, cuánto. Una semana en la que, si el PSOE «oficial» -hay otros: los ex, algunos barones, los aspirantes a la sucesión- no se declara satisfecho de la oferta de comparecencias de Rajoy, habrá de presentar la moción de censura, haciendo buena la palabra de Rubalcaba. Se desatarán entonces todos los demonios familiares, y los no familiares, en el principal partido de la oposición, y hasta es posible, dicen, que se aceleren los planes para convocar unas primarias que sustituyan al candidato-secretario general. Y quedará nuevamente de manifiesto, a la luz de las explicaciones que pueda ofrecernos Mariano Rajoy (o no…), que se va haciendo preciso un cambio de rostros, que es tanto como decir de actitudes y de planteamientos vitales, al frente de esos grandes petroleros anticuados, llenos de boquetes, que son nuestros partidos. Fíjese usted si son importantes los días que nos quedan por delante.

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