Francisco Muro de Iscar – Escuchar a los jóvenes


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

El Papa Francisco I ha ido a Brasil a escuchar a los jóvenes, a preguntarles qué desean, qué buscan, qué les preocupa, qué esperan, qué compromiso están dispuestos a asumir personal y globalmente. Es cierto que esta generación, como ha dicho el propio Papa, tal vez sea la primera que corre el riesgo de pasar por la vida sin encontrar un empleo. Una generación desperdiciada, perdida, machacada. Si esto es así, estos jóvenes de hoy no sólo no tienen presente, tampoco tienen futuro y los problemas que planteará mañana su situación pueden ser aún más dramáticos, cuando ya no haya familias que hagan de colchón. Es indudable que hay que exigir a los Gobiernos que hagan algo, ya, en serio, decididamente por encontrar una salida al problema del desempleo juvenil, de la desesperanza juvenil. Lo va a decir en voz muy alta este Papa que mira de frente a los problemas, que se mete en ellos, que es un papa pobre entre los pobres. Es radicalmente injusto que la tasa de paro juvenil sea tan elevada en todas partes. Es un insulto y un despropósito que en España llegue al 57 por ciento y que no pase nada. Que Gobierno y oposición anden enzarzados en mil historias y no aborden prioritariamente ésta.

Los jóvenes tienen derecho al empleo, a la vivienda, a una vida familiar digna. Pero también el Papa les va a exigir a los jóvenes que hagan algo para cambiar este mundo injusto. Que no se resignen ante esa «inseguridad que les roba la dignidad de la persona y la capacidad de ganarse el pan», que no sean pasivos, que no vivan en un ghetto. Este mundo lo tienen que cambiar ellos desde el compromiso, desde la acción. La indignación no vale de nada si no hay acción, propuestas concretas y reales, compromiso personal. Francisco I les va a escuchar y les va a pedir que escuchen a Dios. Esta Jornadas no son una fiesta de los jóvenes de todo el mundo pegados a una fe, que también, sino un aldabonazo a las conciencias de los jóvenes, de los ciudadanos y de los Gobiernos. La JMJ de Brasil, más aún, porque el país vive momentos muy difíciles y porque Iberoamérica quiere recuperar su lugar en un mundo que anda perdido sin ideales y sin horizontes.

La Aparecida, la patrona de Brasil, es un lugar de encuentro permanente de quienes defienden que otro mundo es posible. Un mundo más austero, más justo, más de personas que de comerciantes, de derechos humanos, no de explotación. El Papa ha dicho algo más. Que una sociedad tiene futuro según trate a los jóvenes y a los ancianos. Los ancianos pueden hacer poco, pero los jóvenes pueden cambiar el mundo, están obligados a hacerlo. Hay que mirar a Brasil y a Francisco I con esperanza de que nadie sea complaciente, sino exigente. Los políticos se pasan en las alabanzas interesadas a los jóvenes. Parece que solo buscan su voto. Deberían ser más rigurosos. El reto es de supervivencia. Si nos le damos una salida, nosotros tampoco la tendremos.

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