Victoria Lafora – Deprisa, deprisa


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

El todavía presidente de Andalucía, José Antonio Griñán, se había trazado, con ayuda de Susana Díaz, un plan de retirada que está cumpliendo con la precisión de un reloj suizo. Lo que hace poco más de un mes fue el anuncio de no presentarse a las próximas elecciones se ha convertido, tras unas primarias exprés, en un precipitado abandono del Gobierno.

Dicen sus detractores que le quiere ganar la carrera a la juez Alaya; que quiere irse antes de que el interventor de la Junta ratifique en sede judicial sus declaraciones, en las que contaban que en múltiples ocasiones le envió informes a Griñán denunciando el procedimiento administrativo del pago de los falsos ERE. Dicen también que no está dispuesto a soportar una imputación al frente de la Junta y que prefiere ser nombrado senador para seguir aforado.

Lo cierto es que todo el entramado del mayor escándalo de corrupción en Andalucía se gestó en la etapa de su antecesor Manuel Chaves y de su antecesora en la consejería de Trabajo, Magdalena Alvarez. Tal vez por eso, tras una amistad de treinta años con Chaves, ahora sólo se saludan en los actos oficiales.

Ha querido dejar de sucesora a una mujer del aparato; tan del aparato que manejarlo es lo que mejor sabe hacer. Ella misma lo dijo tras ser elegida por los suyos «para alguien que considera al Partido su familia, algo así es muy grande, muy grande». Lo malo será si el cargo de presidente también le queda grande. Veremos, porque una cosa es maniobrar en la sede del PSOE-A y otra gestionar Andalucía.

Bien es verdad que para gobernar con Izquierda Unida hay que saber latín. Son eficaces y correosos, pero sobre todo, quieren sacar ventajas políticas al hecho de tragarse el escándalo de los ERE. Sólo una generación limpia de polvo y paja como la de Susana Díaz y la gente que la va a acompañar en la gestión se librará del peaje.

Hay que recordar que Griñán perdió las elecciones. Fue IU quien impidió que Javier Arenas, tan salpicado ahora por el otro escándalo, el de la Gürtel/Bárcenas/PP, lograra hacerse con el poder. Queda por ver que la nueva generación designada para recuperar el futuro sepa llegar a los andaluces y salir de las sedes donde se han criado. El sectarismo partidista es una mala escuela.

Sea por una razón de hastío, de soberbia, de no salir con un baldón del Palacio de San Telmo, la realidad es que Griñán se va, antes incluso de ser imputado. Y lo hace en un tiempo en que los políticos se atan a los cargos, despreciando la exigencia ética. Cuando se aferran a la presunción de inocencia, confundiendo la instrucción judicial con las responsabilidades políticas, cuando se niegan a explicarse ante la ciudadanía o, al hacerlo tarde y mal, caen en contradicciones vergonzosas.

El caso de Camps, el presidente valenciano acosado por las corrupciones de la Gürtel y al que Rajoy no logró echar de la Generalitat más que in extremis, o el de Bárcenas, hoy «delincuente» y hasta enero cobrando un sueldo del PP, son dos de los ejemplos que envilecen la democracia y que nunca pueden volver a repetirse. Más vale irse deprisa, deprisa, y luego vérselas con la Justicia si resulta imputado.

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