El Abanico – La soledad del Rey Juan Carlos.


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

A mi querida Pilar Eyre le molesta que se utilice el titulo que encabeza mi crónica, porque es el que puso al libro sobre la Reina Sofía. No estoy de acuerdo con ella porque los títulos, al igual que los de las canciones, pertenecen a quién las canta, bien sea el lechero o el ejecutivo. En este caso es tan sugerente que lo han utilizado también los redactores de la revista Vanity Fair para señalar la situación en la que se encuentra nuestro Monarca en estos cruciales momentos, y de cara a las vacaciones. Tan distinta a la de años atrás, cuando todavía los achaques no habían hecho mella en su cuerpo y estaba siempre dispuesto a reírnos las gracias a los periodistas, incluso a posar varias veces con tal de que la foto estuviera al gusto de todos los que acudíamos a las regatas de Palma de Mallorca, o a cualquier otro evento. Pero claro, de eso, como de casi todo, hace ya mucho tiempo. Y en la Casa Real han aparecido goteras que afean el aspecto de una institución que muchos creían libre de pecado.

Viendo al Rey en Marruecos no pude por menos que agradecerle el esfuerzo que hacía por aparentar que todo estaba controlado: los dolores, el distanciamiento familiar, las noticias que llegaban desde un juzgado de Barcelona, donde Urdangarin pedía a la jueza que no se publicaran sus correos privados que Torres distribuye a placer con el único fin de dinamitar lo poco que le queda al marido de la Infanta Cristina, su familia.

Ante semejante panorama el esfuerzo del Rey Juan Carlos me parece sobrehumano, ya que ni en sus peores sueños pudo imaginar que llegaría el día en que se cuestionaría su labor al frente del Estado.

Que el Rey haya tomado la iniciativa de entrevistarse con empresarios, españoles y marroquíes, es una muy buena señal, pero sin olvidar a quienes más duramente sufren la crisis: los parados, los trabajadores con empleos precarios, los desahuciados, los estudiantes que no pueden acceder a la Universidad porque les han quitado las becas, los enfermos que tienen que esperar meses y meses porque no hay camas libres en los hospitales públicos, el personal educativo, sanitario, tanta y tanta gente como agradecería que el Jefe del Estado tuviera un gesto con esas personas que se están dejando la piel en un intento desesperado por parar los recortes que esta llevando a cabo el Gobierno de Rajo. Hacer como está haciendo el Papa Francisco, mezclarse con la gente sin miedo a las consecuencias, sería la mejor campaña de imagen para acercar la Monarquía al pueblo soberano.

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