Escaño Cero – Un drama en puertas.


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Me pregunto si no se les cae la cara de vergüenza a los responsables políticos que permanecen impasibles ante la situación dramática que se vive en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas por falta de dinero.

Lo ha afirmado con rotundidad Margarita Salas en una entrevista en El Mundo: si esto no se soluciona, corremos el riesgo de perder una generación.

Margarita Salas, discípula de Severo Ochoa, tiene la autoridad de ser una de las científicas más importantes del mundo. Su llamada de atención debería de servir para que el ministro de Educación no tuviera otro objetivo que convencer a su compañero Cristóbal Montoro para sacar dinero de debajo de las piedras si fuera necesario antes que permitir que se eche el cierre al CSIC.

Un país que no invierte en investigación, que permite que sus jóvenes emigren para investigar en laboratorios de otros países no para seguir formándose y obtener experiencia sino porque aquí se desprecia el conocimiento, es un país moribundo sin futuro.

No sé que más tiene que pasar para que el presidente de Gobierno tome cartas en el asunto, porque lo que está claro es que el ministro Wert no tiene el poder o la capacidad para afrontar y resolver éste problema. Sobre todo da rabia que no hay un euro para investigar cuando todos los días nos desayunamos con las noticias de los sobresueldos que al parecer han venido cobrando muchos dirigentes del PP o cuando vemos como hay partidas presupuestarias dedicadas a asuntos que nada tienen que ver con el bien común.

Dirán ustedes que me repito, que hace no mucho escribía de lo mismo, pero es que me pregunto que más tiene que pasar para que el presidente Rajoy y su Gobierno den un paso al frente y solucionen de una vez por todas el déficit presupuestario del CSIF.

Sí, ya sé que la coyuntura económica obliga a la austeridad pero invertir en investigación es asegurar el futuro. De manera que no me cansaré de repetirme, continuaré alzando la voz para decir que es una vergüenza que mientras unos cobraban o cobran sobresueldos nuestros jóvenes científicos se ven abocados al paro o a la emigración.

También me parece que los partidos de la oposición no están haciendo lo suficiente para presionar al Gobierno, que lo hacen con tibieza, con la boca pequeña, obnubilados como están en sus propios laberintos.

Les confieso que las palabras de Margarita Salas me han producido tristeza e indignación, pero me temo que los destinatarios de la llamada de atención de nuestra mejor científica han caído en saco roto. Ya ven, nuestros políticos no tienen facilidad para sonrojarse sencillamente porque no deben de sentir ni un ápice de vergüenza cuando escuchan decir que el CSIF está a punto de cerrar sus puerta. Somos los demás los que sentimos vergüenza ante tanta desvergüenza.

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