Francisco Muro de Iscar – La muerte en el camino.


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Galicia se encuentra en estado de conmoción y personas como Alberto Núñez Feijóo, Ana Pastor y el propio Mariano Rajoy pasan hoy uno de los peores días de su vida. Aun así, nada comparable al dolor irreparable de las familias de los muertos y desaparecidos. En un segundo, sea por un error humano o técnico, casi un centenar de vidas se han roto. Y detrás de cada uno, unos padres, un esposo o una esposa, hijos, amigos, sin consuelo. La vida no vale nada. Por eso hay que aprovecharla cada minuto. Por eso hay que olvidar las pequeñas rencillas. Por eso hay que decir a las personas con las que convivimos que las queremos. Porque tal vez no haya posibilidad de decírselo nunca más.

Entre las víctimas de esta tragedia hay alguien que fue amigo y compañero de empresas profesionales, de grandes retos, de éxitos importantes y de algún fracaso. Un periodista de raza, hombre de radio y de relaciones públicas, inteligente y trabajador incansable. Se llamaba Enrique Beotas, un abulense con alma de gallego, y aunque en los últimos años no teníamos ninguna relación, la noticia nos ha impactado a todos los que le conocíamos. Y el dolor se mete en el corazón y sólo se recuerdan los buenos ratos, los afectos, las esperanzas puestas en algo que no fue como habíamos soñado, pero que nos hizo crecer.

Camilo José Cela, una de las personas que Enrique trató, decía que «la muerte es algo tan tremendamente airado, que sólo la desnudez, la elemental desnudez, puede escindirla del ridículo». Desnudos venimos y desnudos nos vamos. No atesoramos nada que nos podamos llevar con nosotros. Detrás de nosotros, una gota en el océano de la humanidad, no hay nada más que el recuerdo que dejamos. Como decía Ghandi, «si la muerte no fuera el preludio a otra vida, la vida presente sería una burla cruel». Como yo creo que sí hay otra vida, allí espero encontrarme, desnudo también, con las personas que amé y que me amaron, con los que fueron mis amigos, con los que en cada momento me ayudaron a ser como soy hoy. Con los ojos abiertos a la luz y a la esperanza. En paz. Ojalá descansen en esa paz todas las víctimas de la terrible tragedia de Galicia. Descansa en paz, Enrique. Y un fuerte abrazo para tu mujer y tu hija.

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