Antonio Casado – Rajoy se la juega


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

Este jueves, primero de agosto, puede pasar a nuestra reciente historia como un punto de inflexión en la carrera política de Rajoy. Se juega la recuperación de la iniciativa política, después de que su principal adversario, Rubalcaba, le ganara por la mano (comparecencia o moción de censura). Y se juega, sobre todo, su credibilidad, bastante deteriorada a juzgar por unas encuestas que confirman la aberrante sensación de que los españoles creen más en la palabra de un sinvergüenza como Luis Bárcenas que en la del presidente del Gobierno de la Nación.

A eso debe darle la vuelta Rajoy con un discurso contundente y no elusivo de las evidencias. Es muy duro que la opinión pública haya llegado a plantearse el problema en esos términos: la palabra del presidente frente a la de un presunto delincuente. No es lo más conveniente a la imagen de la institución. Así vienen dadas cinco minutos antes del debate parlamentario del uno de agosto, en el que el presidente acudirá al Congreso (al Senado, en realidad, por obras en el Congreso) a explayarse sobre «algunos temas que preocupan a la opinión pública». Todos hemos entendido que se refiere al caso Bárcenas, por el contexto. Pero el nombre no lo dijo. Por otra parte, en la solicitud de comparecencia registrada en la Cámara se habla de «la situación política y económica» como tema a debatir.

Si a esto unimos que en los últimos días Moncloa ha deslizado que el presidente lo negará todo de nuevo y no va a comentar los ecos del escándalo, limitándose a repicar un paquete de medidas contra la corrupción a futuro, volveremos a las andadas. «No tengo miedo a la verdad», dijo Rajoy a los españoles tras un biombo de plasma el 2 de febrero de 2013. Esa debe ser su apuesta: la verdad. Si lo demuestra con hechos y palabras habrá hecho de la necesidad virtud y su figura saldrá reforzada del debate. En cambio, si vuelve a desoír no a Bárcenas sino a los representantes de la soberanía nacional, la pérdida de credibilidad que ya le afecta puede ser irrecuperable.

Personalmente uno cree que a Rajoy le sobran tablas, decencia y capacidad política para ser creíble sin necesidad de hacerle el juego a un sinvergüenza. No se trata de contraponer una palabra contra otra, ni de prevenirse contra quienes, como dice Cospedal, intentan desacreditar personalmente a Rajoy. De lo que se trata es de acreditar al Parlamento como institución obligada al control político del Ejecutivo en nombre de todos los españoles. Ese deber del Parlamento se puso en entredicho con la persistente e injustificable resistencia del presidente y su partido a dar las explicaciones políticas derivadas del caso Gürtel-Bárcenas. Al llegar la rectificación muchos dijimos que nunca es tarde si la dicha es buena. Y hoy toca advertir del riesgo de pinchazo si las explicaciones de Rajoy sobre «algunos temas que preocupan a la opinión pública» nos dejan con la cabeza caliente y los pies fríos.

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