Al margen – La manteca, el fuego y las manos


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

Debería ser innecesario insistir en que la extrema gravedad del problema que ha convertido al sistema político español en el hazmerreir del mundo civilizado no radica en que la cúpula directiva de un partido mienta, cosa hasta cierto punto habitual en otras latitudes, sino en que el partido que ha mentido sistemáticamente y con descaro sobre la gran parte que le toca de la corrupción política que ha hundido al país sea, ni más ni menos, el partido que gobierna. Debería ser innecesario insistir en ello, pero, por lo visto, no lo es.

El caso Bárcenas es el caso PP no sólo porque el hoy residente forzoso en Soto del Real fuera durante décadas el gerente, y a la postre el tesorero, del partido de la derecha, es decir, el hombre de la manteca, el dueño último del secreto de su procedencia, administración y distribución o reparto, sino que cuando dejó oficialmente de serlo por hallarse salpicado por una de las ramificaciones del aquelarre dinerario del PP, el caso Gürtel, pasó a ser protegido de lujo con despacho, coche, secretaria y abogados gratis, y, lo que resulta más obsceno, con el manto protector de esa cúpula otrora presuntamente beneficiada en el reparto de la manteca que ponía la mano en el fuego por él. Arenas, Rajoy, Alvarez Cascos y compañía pusieron hasta hace nada no una, sino las dos manos sobre la lumbre por Bárcenas, cobertura que a éste le vino de perlas para seguir moviendo el dinero, acaso procedente de comisiones de las comisiones, de las cuentas suizas a otras más remotas si cabe.

Rajoy mismo, que a la hora de escribir ésta columna se ajusta la taleguilla, las medias y la faja para saltar a ese ruedo de la soberanía popular y de la opinión que tanto pánico le da, comentó hace unos meses que nunca podría demostrarse la culpabilidad de Bárcenas, es decir, que ponía la mano sobre el fuego por él. Luego no son explicaciones, previsiblemente auto-exculpatorias por lo demás, lo que tiene que ofrecer a la Cámara, sino la mano, o sea, enseñar la mano, para que pueda verse lo chamuscada que está. Lo mismo que Arenas, Cospedal y Cascos al juez Ruz, cuando comparezcan mediado agosto para testificar sobre lo que contienen los papeles de Bárcenas, esa contabilidad B de lo que supuestamente trincaban las manos del partido que trincaban, bastantes al parecer.

Se trata, pues, de enseñar las manos, y de ver si hay en ellas rastros de manteca. Y de cómo va la quemazón.

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