Charo Zarzalejos – Celebrado el pleno, ahora ¿qué?


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Llegó sonriente y distendido. Sin atisbo de gravedad en su rostro y con serenidad de plomo afirmó que se equivocó, que Bárcenas le engañó, que no iba a dimitir ni a convocar elecciones. Afirmó de sí mismo ser una persona recta y honrada no sin antes constatar algo que ya era obvio antes de que se iniciara la sesión y es que lo que dijera iba a resultar insuficiente.

Sorprendió el Presidente porque a los tres minutos de subir a la tribuna entró de lleno a hablar de Bárcenas. Le citó hasta en trece ocasiones y una vez más empeñó su palabra tanto sobre su honradez personal como la de su propio partido. Su discurso fue un discurso bien armado, brillante y más contundente de lo que algunos esperaban pero insuficiente como bien se esperaba.

Rajoy, una vez más ha defendido su teoría de la presunción de inocencia para recordar que lo que hay que demostrar es la culpabilidad. Esta no es una teoría, es una norma básica del estado de Derecho. Establecer lo contrario es encumbrar la infamia y la difamación de la que todos podemos ser víctimas.

El Presidente del Gobierno ha satisfecho a los suyos y una vez más ha comprometido su palabra. Si los hechos que resulten probados contradicen algunas de sus afirmaciones, la dimisión sería inevitable. Pero ¿y si lo que dice Bárcenas se muestra falso deberá alguien pedir perdón?. ¿Debería algún portavoz desdecirse de lo que ayer dieron por cierto y probado?. Rajoy ayer se supo juzgado y condenado por muchos grupos, pero de manera especial por Alfredo Pérez Rubalcaba.

El líder de la Oposición, en su intervención claramente acusatoria y condenatoria de Rajoy, no dejó sitio para lanzar un buen discurso político que bien podría haber ahormado sin rebajar un ápice su labor de Oposición. El líder del PSOE se abrazó en demasía a los papeles de Bárcenas, y de ahí sacó consecuencias, entre otras, las de concluir que Rajoy era un problema para España por lo que debía dimitir. La negativa de Rajoy fue rotunda, entre otras cosas porque «no soy culpable de nada».

Rajoy ya ha dicho lo que va a hacer y sabe bien que se arriesga a posibles nuevas declaraciones o papeles de Bárcenas. Ha asumido el riesgo de que su palabra permanezca en la picota. Pero Rubalcaba. ¿Qué va a hacer Rubalcaba?.

Ayer el líder de la Oposición apostó demasiado fuerte, hizo acusaciones muy contundentes y planteó exigencias muy definitivas. ¿Va a quedar aquí la tarea del PSOE?. Anunció Rubalcaba que su partido no iba a consentir que el asunto Bárcenas se «metabolizara» por la sociedad, lo que hace pensar que de una u otra manera lo van a mantener abierto.

Como Rajoy no se siente culpable no va a dimitir. Como Rubalcaba le considera culpable ¿Qué va a hacer? . La coherencia política y la gravedad de sus certezas debería llevar al PSOE a la inmediata presentación de una moción de censura. Ayer, casi de rondón, Rajoy ganó una moción de confianza, la confianza de los suyos que son los que dan estabilidad al Gobierno.

El debate, por lo demás, fue un debate triste. No hubo ni una sola reflexión de fondo, ni el más mínimo atisbo de discurso político que no fuera lo previsible* una lástima de sesión en la que, eso sí, se vio a un Rajoy seguro de sí mismo y que, al margen de que se le crea o no se le crea, trató de marcar doctrina para que los propios políticos no quedaran al albur de infamias o difamaciones.

«¿Cuántos de lo que están aquí deberían haber dimitido?». Tiene toda la razón el Presidente, ¡cuántos se han visto enredados en supuestas firmas falsas para cobrar dietas o de haber realizado tráfico de influencias!. Bueno será establecer normas claras, criterios compartidos para pedir o no dimisiones.

Ayer la Oposición se salto a la torera estas precauciones. Rajoy se cuidó mucho de no citar a José Blanco, ni a Uxue Barko, ni a Magdalena Alvarez (ya imputada) ni al partido de Mas. La oposición entró a saco y ya no pueden sorprenderse ni lamentarse si con ellos se aplica, llegado el caso, la misma vara de medir.

Personalmente prefiero verme sorprendida en la buena fe que acusar antes de tener certezas. Por eso siempre creí y defendí la presunción de inocencia de José Blanco o de Uxue Barko, a la que se le atribuyó haber firmado por delegación unas supuestas dietas. Y por ello creo y defiendo la presunción de inocencia de Rajoy cuya palabra me merece más crédito que la de Bárcenas y avanzo que creeré y defenderé la presunción de inocencia de José Antonio Griñán si, como se augura, la juez Alaya acaba imputándole. Lo dicho, un triste debate el que ayer presenciamos.

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