Francisco Muro de Iscar – Se lo podían haber ahorrado


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Seguramente había muchas expectativas sobre el «debate sobre el estado de Rajoy», aunque no fueran las mismas para unos que para otros. Nadie -incluido Rubalcaba- esperaba que Rajoy presentara la dimisión, ni que se confesara culpable ni que convocara elecciones generales. Lo sabían antes de empezar el debate y nadie se sorprendió por ello, lo que no impidió que el secretario general del PSOE utilizara la muletilla que usó José María Aznar -«váyase, señor Rajoy»-.

Como dijo Durán Lleida, «hemos sido tan previsibles que Rajoy no ha tenido que improvisar en ningún momento y ha utilizado en todo momento las notas que traía escritas de casa». Y también fue el que terminó con un mensaje positivo: «todos unidos hemos pedido cuentas al presidente del Gobierno y vamos a creerle porque podemos pensar que no diga la verdad; sería bueno que los ciudadanos nos vieran también unidos buscando acuerdos para sacar al país de la crisis».

Fuera de eso, poco más. Mucho teatro, mucho guión prefabricado. Se arrojaron a la cara citas textuales de otros tiempos como quien se tira cuchillos envenenados, pero el veneno está dentro de las estructuras de sus partidos. Yo también quiero creerme que el presidente del Gobierno no miente, porque si se descubre que lo ha hecho ante la representación parlamentaria de todos los españoles, entonces el daño no sólo sería irreversible para él sino para la estabilidad democrática de España. Y también porque la presunción de inocencia vale para Rajoy y la prueba de la culpa la deben hacer otros. Que hablen los jueces. Y que lo hagan pronto.

En cualquier caso, la calidad de la democracia española sufría ayer un nuevo golpe con un debate tremendamente negativo para la democracia, para los partidos, para la imagen de los políticos y para el país en su conjunto y del que no cabe sacar nada positivo, salvo la propia comparecencia -forzada y tardía- del presidente. «Demasiado cainismo» como dijo algún diputado. A nadie le interesa la verdad y nadie se cree la presunción de inocencia, sólo lo aplican cuando la sospecha les roza a ellos.

Tenía razón Rajoy cuando aludía a que la alternativa es entrar en la desestabilización de un país que necesita estabilidad y que a él no se le puede condenar sin escucharle. Pero debe aplicarse la misma medicina. Este Gobierno no escucha a los grupos sociales, no dialoga con los interlocutores profesionales, no se entiende con ningún partido. Aplica el rodillo, impone sus decisiones, no es transparente*

Ni esa mayoría absoluta durará siempre ni se puede construir un país sin diálogo, sin acuerdos, sin pactos. Esa es la primera norma de higiene democrática de la que no está precisamente sobrado el panorama político español, se mire donde se mire. Queda un regusto amargo después del debate. No se escuchan, no se entienden, no son capaces de ponerse de acuerdo. Habría que exigir a unos y a otros una actitud diferente.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído