Andrés Aberasturi – Aún hay clases


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Me pregunto si esa vieja expresión tan española y tan triste de «aún hay clases*» o la de «no sabes con quién está hablando*» siguen vigentes en plena democracia; y no pienso en clases económicas porque, naturalmente, ya sé que hay ricos y pobres y -peligrosamente- cada vez menos clase media. Hablo de clase como «poder», ese concepto resbaladizo y que es difícil ubicar cuando se profundiza un poco.

El poder no lleva necesariamente uniforme ni necesariamente forma parte evidente del entramado social. Sabemos el poder que tiene un policía, un ministro, un medio de comunicación o el cardenal Rouco. Pero hay otros poderes más difuminados y contra los que, al parecer, no pueden ni los policías, ni los ministros, ni los medios, ni los cardenales.

Y me refiero a cosas tan dispares como el club de fútbol Deportivo de Guadalajara frente al Deportivo de la Coruña o de las comunidades autónomas que no sólo reciben un trato especial de Hacienda frente al resto sino que, tranquilamente, anuncian que ni así van a cumplir lo ordenado. Me refiero a los «paseíllos» hacia los juzgados de algunos imputados que lo hacen por la puerta de atrás mientras el resto aguanta la bronca de la turba y el deslumbramiento de los flashes. Hablo de quien es capaz de tejer una maraña de ilegalidades de tal calibre que al final la mitad de sus delitos ya han prescrito frente a los que un simple recibo no pagado les lleva a aparecer en la lista oficial de morosos y los bancos les niegan hasta el saludo.

Y hablo -para que no todo sea tan evidente- de los caídos en desgracia pública contra los que vale todo, incluso se levanta la veda para hacer sangre permitiendo divulgar públicamente correos o mensajes de muy mal gusto pero que son personales y que nada tienen que ver con sus presuntas actividades delictivas: caso Urdangarín al que por muchos motivos, incluso personales, no profeso el menor aprecio, lo cual no me impide asustarme ante el hecho de que la juez considere que «no hay justificación para legitimar que unos medios de comunicación vean limitado su derecho a la información y otros medios no» y estima que la prohibición a los medios de publicar los «correos íntimos» es «incierta e ineficaz» porque no garantiza que no se difundan.

El razonamiento, con todos los respetos, roza el absurdo: como de una forma u otra van salir, pues permiso para todos para que violenten la intimidad. Qué miedo. Aunque, como ya se sabe, en este país nuestro no hay nada mejor que declarar secreto un sumario para que al día siguiente todo el mundo lo conozca hasta en sus mínimos detalles.

El Deportivo Guadalajara desciende en los despachos porque es un club pequeño mientras que el de La Coruña se salva porque no lo es. Habrá razones legales que lo puedan justificar, pero la realidad es la realidad. Y Cataluña, Andalucía, Baleares, Valencia y Murcia (las tres últimas gobernadas por el PP) se salvan de los duros ajustes que el resto ha tenido que hacer recortando hasta el dolor. Fiscalidad a la carta o fiscalidad menú del día, depende de quién seas.

Aun hay clases. Todas estas decisiones -y muchas más- que no terminan de entenderse puede que tengan una razón, una explicación, un recoveco legal, pero, a los ojos de la gente, esto no es serio. Y nosotros soñando con que todos éramos iguales ante la Ley y ante Hacienda* Pues se ve que no.

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