Luis Del Val – Estafadores Amparados


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Al dictador Franco le venía muy bien Gibraltar, porque todas las dictaduras necesitan un enemigo exterior que produzca unidad en el interior. Salía el augusto del circo y extendía un periódico con un agujero. «¿Qué es eso?» , le preguntaba el clown. «España», respondía el payaso. «¿Y ese agujero?», indagaba el clown. «Es lo que falta: es Gibraltar», y el circo se caía de aplausos.

En la escuela nos hicieron aprender unos versos que comenzaban melodramáticamente así: «Gibraltar es la espina clavada en el pecho del buen español»…. Casi nada. Venir al mundo a vivir dentro de una dictadura y, encima, con una espina clavada en el corazón, con lo molesto que es eso.

Se entiende que, en cuanto tuve uso de razón, Gibraltar me preocupó lo mismo que la cosecha de grano en Manitoba.

No obstante, pasado el tiempo y las circunstancias, Gibraltar me parece un insulto, no porque sea español o británico, sino porque se ha convertido en un grano en el culo, no de España, sino de Europa.

En Gibraltar hay registradas más sociedades mercantiles que habitantes. Es decir, que se produce el milagro de que en cuanto nace un gibraltareño, ya funda un par de sociedades anónimas. Ningún sociólogo se ha preocupado de estudiar tan extraordinario fenómeno por la sencilla razón de que todo el mundo sabe que eso no puede ser así, y que Gibraltar es un nido para que tengan su sede los estafadores de impuestos, que registran allí sus sociedades.

Y les ampara, no una república bananera, sino que los defraudadores de impuestos están protegidos por la bandera de Gran Bretaña.

Me parece muy bien que Margallo comience una política diferente. Y no son sables. Se trata, por ejemplo, de no permitir la invasión del espacio aéreo. Por ese camino, a lo mejor, el paraíso fiscal pasa a ser el purgatorio fiscal que padecemos todos los europeos y en especial los españoles.

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