Rajoy trabaja para la izquierda, y lo hace muy bien. Fin de la cita.


Los políticos son mucho más lúcidos cuando están en la oposición que cuando gobiernan, y lo mismo ocurre con los periodistas que los defienden. Últimamente, las dos Españas se divierten –es un decir—con el torneo interminable Rajoy-Bárcenas. No sé por qué asalto van porque no conozco bien las reglas de este juego bochornoso, superado solo por Berlusconi, pero al paso que vamos, todo se andará.

Lo que está ocurriendo en los últimos tiempos es patético y no es de extrañar que los políticos sean mirados con desconfianza. La sesión extraordinaria en el Senado fue un espectáculo esperpéntico por ambas partes, por la forma y por la causa. Que el Presidente del Gobierno haya tenido que comparecer ante los españoles a petición de un Rubalcaba que debería estar hace tiempo inhabilitado por los muchos asuntos turbios que jalonan su vida política, es bochornoso. Y que Mariano Rajoy haya tenido que comparecer, obligado, a dar cuenta de la corrupción en su partido, también. E igual de bochornoso es contemplar los torneos entre periodistas fanáticos de un bando y de otro, sirviendo a sus señores. El periodista –en teoría— realiza una labor de servicio al ciudadano. Su labor es informar y opinar, pero no debe nunca tergiversar la verdad –al menos conscientemente—y lo que es peor, MENTIR y contar medias verdades aderezadas con la pimienta de la mentira. Sin embargo, ese es el modus operandi de algunos periódicos y cadenas de TV, que se están convirtiendo en tabloides y tribunas de agitación. Son los transmisores de las mentiras del Gobierno, y además culpan de perjudicar a la Marca España a quienes pretenden el esclarecimiento de la verdad. Uno de estos periodistas –omito la cadena por ahora—es profesor del Ceu y obliga a sus alumnos a ver sus programas. ¡Buenos estamos!

Que Bárcenas es un presunto delincuente o delincuente a secas, lo intuimos desde el 2009; y que el archivo del caso de su mujer Rosalía Iglesias por parte del juez Pedreira nos sonó a raro, raro, raro, también. Que los partidos se financian daquela maneira, incluso con dinero de procedencia inconfesable, y que se hacen cosas extrañas con el dinero “que no es de nadie”, y con el de los empresarios que pagan el fielato de las adjudicaciones, ídem. Pero que Mariano Rajoy se esconda, que no comparezca ante los medios, que pacte las preguntas con la prensa amiga, que lleve las respuestas escritas, y que NOS MIENTA sin el más mínimo rubor, no se puede consentir. Es una afrenta a los ciudadanos, que ¡ojo! ni somos sus súbditos ni le hemos regalado el voto para siempre.

Los palmerillos del Gobierno han visto a un Rajoy hecho un león, campeón del debate y rey de la dialéctica. Sin embargo, un 78% de los ciudadanos consideran que el Presidente no dijo la verdad.

Algunos establecen un paralelo entre el discurso de Rajoy y el de Nixon cuando tuvo que dar cuenta a propósito del Watergate. Aquello es una minucia comparado con Bárcenas-Gurtel, pero también es cierto que en EE.UU. la mentira y el perjurio son muy castigados política y socialmente.

Dicho esto, pedir la dimisión de Rajoy y elecciones anticipadas es un disparate que, de hacerse efectivo, no beneficiaría ni siquiera a quienes lo demandan. Lo de la moción de censura, es una opción legal, y si puede contribuir al esclarecimiento de los hechos, bien; pero mucho me temo que el resultado sea más de lo mismo. Otra cosa es la creación de una comisión de investigación, aunque ya sabemos cómo funcionan estas cosas.

Todos lloramos la tragedia de Santiago. A este respecto, los medios fanáticos y agitadores a los que aludía, no dudaron en achacar las culpas al maquinista aturdido que se autoinculpó ante el juez, antes incluso de abrir la caja negra, cargando sobre él, de manera irrespetuosa, y atribuyéndole un perfil de irresponsable por sus mensajes de Facebook. Todo con tal de salvar a Renfe y a Adif de posibles responsabilidades por no tener activado un sistema de seguridad que creíamos que sí había, y que costó más de 160 millones de euros. Pero parece que en ciertos tramos dependemos de una sola persona; ni siquiera hay un auxiliar, por si le da un ictus o estornuda. Que tantos pasajeros dependan del azar, me produce escalofríos. Menos mal que los 79 muertos van a conseguir que se pongan los medios para que la tragedia no se repita.

Mientras tanto, el FMI recomienda bajar los sueldos un 10% para crecer, los bancos continúan restringiendo el crédito a las pymes, los comercios continúan cerrando, la sanidad pública sigue reduciendo gastos a costa de los enfermos, Cáritas y las cocinas económicas están desbordadas, los ciudadanos no pueden acceder a la Justicia por la subida de tasas, la tarifa eléctrica sube para compensar esa cosa rara del “déficit tarifario”, cada vez hay más hogares con todos los miembros en paro sin cobrar ninguna prestación… pero como la EPA sale lucida porque hemos colocado a unos cuantos camareros en las costas, ya sacamos pecho y presumimos de brotes verdes. Brotes verdes los que nos va a dar la izquierda radical, que llegará hambrienta de poder y hará del disparate su plan de gobierno. Nos lamentaremos, pero ya será tarde. ¿De quién será la culpa? No sé, pero, Rajoy y el Partido Popular trabajan para la izquierda, y lo hacen muy bien. Fin de la cita.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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