Fernando Jáuregui – Las viejas damas grises y esos hombres vestidos de negro


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Para un periodista, máxime si le ha tocado ser empresario del sector, aunque sea un empresario muy pequeño, como es mi caso, resulta muy tentador reflexionar en público sobre lo que ha ocurrido con el Washington Post, vendido esta semana por una cantidad relativamente modesta (188 millones de euros) a alguien ajeno a la tradición del mundo periodístico, como el multimillonario fundador de Amazon, Jeff Bezos. Uno de esos tipos de Silicon Valley con alergia a las corbatas y amor, en cambio, por las camisetas y trajes negros, tan caros a los mandarines del mundo de Internet. Una de las viejas «damas grises» estadounidenses, como se llamó al WP -y al New York Times–, en manos de uno de esos genios de negro -nada que ver con los «hombres de negro» que a veces nos envía la UE– que hicieron de la Red un modo de fortuna y también de servicios nuevos a los ciudadanos de todo el mundo.

Me pregunto para qué quiere Bezos meterse en un lío del que lo ignora casi todo, adquiriendo un periódico legendario -el del Watergate_que le va a significar, sin duda, quebraderos de cabeza financieros -el WP lleva ocho años perdiendo dinero irremisiblemente y, claro está, políticos: ¿qué hará Bezos cuando haya que posicionarse frente a decisiones de Obama como las relacionadas con Snowden, con Assange, con el soldado Manning, con el espionaje a una agencia de prensa, con la ocultación de todos los detalles sobre la muerte de Bin Laden, como el mantenimiento de Guantánamo? ¿Qué haría si tuviese que tomar la decisión, heroicamente asumida en su momento por Katherine Graham, de publicar aquel espionaje en el hotel Watergate que hizo caer el presidente Nixon?

Acabo de regresar a Madrid de Nueva York, donde he tenido ocasión de compartir perplejidades y preguntas con algunos colegas que allí trabajan, y me parece que ellos se plantean los mismos interrogantes, semejantes dilemas. Claro, Bezos ha comprado «a la baja» un periódico que hace diez años hubiese valido muchísimo más dinero, y, en el fondo, pagar doscientos cincuenta millones de dólares cuando tienes una fortuna personal de veintiocho mil millones es peanuts», como dicen los comentaristas especializados. Pero el WP es una máquina de perder dinero e influencia frente a medios surgidos en Internet -como el diario «politics» y, hasta ahora, solamente la reducción de plantillas y de costes permitía seguir tirando, mientras los Graham, propietarios de tres generaciones, comprobaban cómo otros periódicos tradicionales tenían que cerrar o vender a postores que, como Bezos, poco tenían que ver con el negocio y menos aún con el oficio. Una revolución se estaba operando en la Meca de las libertades de exresión, los Estados Unidos.

Prefiero creer que Bezos, que es el prototipo del emprendedor -Amazon estuvo dieciséis años sobreviviendo antes de ganar dinero–, es, además, un filántropo que hará buenas sus promesas a la redacción del WP de mantener la línea liberal del periódico; entonces, esta transacción tan sorprendente sería una excelente noticia. Pero algunos de sus intereses colisionarán con esta línea, especialmente en lo que se refiere a críticas al funcionamiento de la Agencia Nacional de Seguridad, que tantos «oídos» ha colocado ilegalmente en todo el mundo, España probablemente incluida.

Y también prefiero pensar que este hombre, que se ha hecho tan rico vendiendo libros por Intenet, está asumiendo un reto empresarial apasionante, más que comprando una manera de traficar con influencias, objetivo no del todo ajeno a algunos -menos mal que son los menos– conocidos magnates de medios, como el italiano Berlusconi o el australiano-británico-estadounidense Rupert Murdoch. Una de las caras de la realidad es que Bezos ha pronosticado alguna vez la muerte de la prensa de papel en menos de una década: espero que haya reflexionado y que ahora ponga su poderosa mente de mago a la hora de ganar dinero al servicio de nuevas formas de búsqueda de negocio para un sector, el de la comunicación, que engloba el bien más deseado por la persona tras la vida y la integridad física: la información.

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