Luis Del Val – Fronteras y contrabando


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Mientras los dialécticos de salón pierden el tiempo derrochando su ingenio sobre si fue antes el huevo o la gallina, queda fuera de discusión el origen de fronteras y contrabandistas. Se establece la frontera y, de manera inmediata, surgen los contrabandistas. Nada más prístino para distinguir el efecto de la causa.

Los contrabandistas y los evasores fiscales causan un perjuicio terrible a la sociedad y, no obstante, la sociedad los observa con bastante indulgencia. Si la gente se entera de que un vecino le ha pasado un billete de 20 euros falso a un ciego, dejan de hablarle. Pero si ese mismo vecino se ha traído seis cartones de tabaco de Gibraltar nadie le retira el saludo, aunque el perjuicio que cause suponga bastante más de 20 euros.

Gibraltar es un nido de contrabandistas. Contrabandistas gibraltareños y contrabandistas andaluces, que en La Línea y en Algeciras no todo el mundo se dedica a la pesca o es un contratado de la Junta de Andalucía. Hay contrabandos tradicionales, como el del tabaco, y contrabandos más modernos como el de la droga, que, por cierto suele utilizar los canales del primero. Galicia, donde el contrabando de tabaco estaba casi institucionalizado, se convirtió en víctima de la droga en cuanto los contrabandistas de cartones comprobaron que se sacaba mucho más dinero con un alijo de cocaína.

Si la Unión Europea quiere tomarse en serio ese nido de contrabandistas y evasores fiscales que son la causa de que estudiantes se queden sin beca, médicos que pueden salvar vidas no sean contratados, y parados dejen de percibir el subsidio, debe admitir que no se pueden poner las cosas fáciles a los contrabandistas, y que hay que implantar controles minuciosos por mucho que jodan a ese hijo de española que reniega de su lengua materna, y se cree que es el maharajá del Atlántico. Y habrá que decirle al señor Cameron que echar la ceniza del cigarrillo a la taza de té es una guarrada, pero proteger contrabandistas y evasores que roban a la Unión Europea, no es de caballeros, sino de personas que se ponen a la misma altura miserable de quienes tutelan.

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