Al margen – Siria, el infierno


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

¿Cuántos muertos, cuántos heridos, cuántos torturados, cuántas mujeres violadas, cuántos niños gaseados, cuántas ciudades y aldeas incendiadas, cuántos pozos envenenados, cuántos edificios destruidos, cuántos campos sembrados de sal, cuántos huérfanos, cuántos puentes volados, cuantas ejecuciones sumarias, cuántos coches-bomba en los mercados, cuántos allanamientos, cuántos fugitivos y cuántos refugiados se necesitan para que quienes pueden detener todo eso lo hagan?

El infierno, hoy, se llama Siria, pero la inmensa mayoría de los que perecen en sus llamas no han cometido pecado ni delito alguno. Han caído allí por error, pero ni aun ese error les es atribuible, pues en algún sitio tenían que haber nacido. El siniestro azar se la ha jugado a la muchacha de ojos glaucos, al campesino heroico del desierto, al pequeño colegial, a su maestra, al mecánico, al anciano abrumado por la edad, al menestral, al albéitar, al carpintero, a la bailarina, al músico que vierte el ritmo a sus pies. Todos ellos, atrapados en ese infierno que la hez de Siria y de las potencias internacionales, la primera por acción y la segunda por acción y omisión, han desatado allí donde la Civilización empezó a balbucir en otros tiempos. ¿Cuánto combustible, es decir, cuánta carne humana, cuántas almas humanas, habrá de consumir todavía esa hoguera para que quien puede acuda a apagarla?

A la antigua Yugoslavia, en el corazón de Europa, se le dejó desangrarse durante años por todos sus costados, y hasta los cascos azules enviados a Srebrenica de comparsa, de turistas al infierno, compraban su seguridad al criminal Mladic a cambio de las vidas de los ocho mil varones bosnios acogidos en mala hora a su protección. ¿Se repite la historia en éste otro infierno? ¿O la amenaza de los confusos y letales gases asfixiantes moverá el egoísmo de las potencias, ya que no su humanidad? Siria. El siniestro azar. El infierno.

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