Sin etiqueta – Vestida para gobernar


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Se supone que para gobernar hace falta un programa sólido que sea apoyado por una mayoría suficiente, así es la democracia y así hemos venido jugando desde que comenzó la transición, (nota al margen cuando recuerdo esa palabra me aparece la imagen de una querida compañera que se recupera en un hospital de Asturias, la estupenda y maestra de periodistas Victoria Prego; un beso).

Programas aparte parece que también hoy es necesario vestirse para gobernar. En las redes sociales he leído a quienes aconsejan a la futura presidenta andaluza, Susana Díaz cómo debe vestirse. Puede parecer insólito, ¡lo es!, pero recordemos que otros presidentes le han dado mucha prioridad a sus trajes, por ejemplo Camps que se metió en un lío judicial por no tener facturas y aquello tumbó su carrera política. Tampoco fue pequeño el lío que le montaron los «Tamayo»s Boys» a Rafael Simancas en la Asamblea de Madrid, en un reportaje días antes contaba que se había encargado unos trajes para ser presidente, ternos que nunca llegó a lucir como tal. Su sucesora, Esperanza Aguirre, siempre le dio mucha importancia al atuendo y destacaba que era ropa de sitio barato para, supongo, contrarrestar al pijerío madrileño con su lado cheli. Aguirre llegó a decir que no hacía declaraciones con zapato plano, sólo cuando llevaba tacón.

De Susana Díaz se espera que haga un discurso de investidura ejemplar en cuanto a tomar el toro por los ERE, es decir por los cuernos, que rompa con el autismo de Griñán, que sea intolerante con las cenas de UGT-A, que sea crítica con Rajoy también pero a la vez explique cómo va a mantener el pacto con IU en Sevilla. Se espera todo eso, pero también los hay atentos a cómo va a cambiar su atuendo, parece increíble pero esto también forma parte de la política de hoy. Tanta importancia le dan al traje como al fondo del discurso, (te cambio fondo de discurso por fondo de armario). Acabaremos por aceptar que Alberto Fabra, el presidente valenciano, le pague a un «coatch» para que le indique cómo tener carisma ante las masas. Estas cosas antes se traían aprendidas de casa o no valías para la política, pero está claro que hemos caído en la generación de «pocholandia» en la que una corbata dice mucho de ti.

El votante verá pero iba a resultar muy triste que la mayoría se decantara por un candidato con trajes de corte italiano o inglés. O que los colores lisos ganen a las rayas. Dónde está el discurso, dónde quedan los valores, dónde la regeneración ética que nos han prometido.

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