Charo Zarzalejos – Rajoy, contra viento y marea.


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

Ya se avisó desde Moncloa que Rajoy, en la ya tradicional apertura de curso en la localidad gallega de Soutomaior, iba a señalar que hoy España está mejor que hace un año. No engañaron. El Presidente hizo reiteradas alusiones a esa mejor posición de nuestra economía no sin insistir en que la tarea que queda pendiente es aún ingente.

Siendo como es el paro el principal problema de los españoles, como lo demuestra el CIS encuesta tras encuesta , el núcleo central del discurso que ayer pronunció el Presidente en su tierra natal, no fue otro que reiterar su decidida voluntad de resistir «contra viento y marea». Parece que Rajoy se ha puesto el mundo por montera y si piden su dimisión, él va a seguir. Si los ordenadores pedidos por el juez Ruz se han convertido casi en chatarra, la justicia decidirá y si Artur Mas ya se dispone a habilitar una partida presupuestaria para su famosa consulta, ahí están los tribunales y, desde luego, la Constitución para dar la respuesta adecuada. Rajoy ha optado por no formar parte de los debates que llenan las páginas de los periódicos y calientan los micrófonos de las tertulias. Además, ya ha advertido que se siente orgulloso de su Gobierno; es decir, que lejos de algunas elucubraciones, de crisis, nada de nada.

No cabe duda que para ser Presidente de Gobierno hay que tener un temple especial, hay que decidir prioridades y arriesgarse a tomar medidas y el mayor riesgo de Rajoy es que este autoblindaje exhibido ayer en Galicia pueda no ser entendido por muchos ciudadanos que, con todo derecho, quieren saber que piensa el Gobierno y, sobre todo, su Presidente de lo que ocurre con Gibraltar. Quieren escuchar un discurso alternativo al del nacionalismo catalán… Quieren, en definitiva, referentes políticos.

«Contra viento y marea», Rajoy ha hecho una elección, ha optado por un manual de estilo que puede generar una cierta insatisfacción en muchos, pero que para el PSOE puede resultar letal. Ayer Rajoy, en un arranque poco frecuente en él, citó a los socialistas. Lo hizo con crítica, pero sobre todo lo hizo con desdén. Si no quieren colaborar, allá ellos, vino a decir el Presidente que recordó la cómoda mayoría -inédita, habría que decir- parlamentaria del Gobierno que él mismo preside. Sabe que los socialistas van a mantener vivo y abierto en canal el asunto Bárcenas (Chacón se ha ido a Miami en la convicción de que «esto no nos da un voto»), que las relaciones están rotas y ante todo ello Rajoy ha optado por mantener el pulso lanzado por Rubalcaba. «El sabrá hasta donde y hasta cuando quiere seguir», dicen los más próximos a Moncloa. Rajoy se lo ha jugado todo a la carta de la economía, al descenso del paro y a la bajada de impuestos que ayer mismo anunció. No exagera el Presidente cuando recordó que al PP se le votó para que gestionara una terrible situación económica. Es verdad, pero cuando ya se esta casi en el ecuador de la legislatura, la ausencia de discurso político deja flancos abiertos que pueden ser ocupados por otros y los experimentos, siempre, mejor con gaseosa.

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