Carlos Carnicero – El Nobel de la Paz se prepara para la guerra


MADRID, 01 (OTR/PRESS)

¿Qué queda del Barack Obama del «Yes, We Can»? El presidente de Estados Unidos generó unas expectativas que recuerdan a las de John Fitzgerald Kennedy. El ex presidente tuvo la fortuna de morir joven y pronto; y consiguió salvar su leyenda. El segundo mandato de Obama ha confirmado que el mecanismo de la democracia norteamericana secuestra las voluntades humanistas. Y ahora nos encontramos con la paradoja de que el prematuro premio Nobel de la Paz se prepara para la guerra.

No podemos creer a Obama, ni a los servicios secretos norteamericanos ni israelíes, que son quienes certifican el uso de armas químicas por la dictadura de Bashar el Asad. La utilización de armas químicas recuerda demasiado lo ocurrido en Irak con la dictadura de Sadam Husein. Otra vez un país árabe que tiene una sociedad civil en la que las mujeres tienen la oportunidad de ser personas, aún en un universo totalitario, puede ser sustituida por una inestabilidad islámica radical. No debiéramos perder de vista lo ocurrido en Irak, Afganistán, Libia y lo que ahora sucede en Egipto. Los aliados de Estados Unidos, con métodos obscenos en la forma de gobernar, son atacados cuando dejan de ser útiles. Y entonces se deja el país hecho unos zorros. Hasta la siguiente.

En esta locura de la guerra civil Siria, el gobierno ha cometido tropelías y crímenes; pero la oposición también. Y sabemos muy poco de los rebeldes. Aunque hay sospechas fundadas de la naturaleza yihadista de las fuerzas opositoras. El «impasse» de esta intervención que pretende ser humanitaria no ofrece sino un castigo al régimen que supuestamente ha utilizado armas químicas, pero no da una salida al conflicto. La mejor opción posible es que el régimen siga matando sin utilizar armas químicas y que la oposición continúe ejecutando a los prisioneros después de torturarlos.

El varapalo de David Cameron en el Parlamento Británico pone dos evidencias sobre la mesa. Todavía hay democracias en las que la cámara de diputados no es una terminal automática de mayorías uniformizadas y que la dependencia de los electos de los electores es una garantía para que los gobiernos no pasen por encima de la voluntad de los ciudadanos. La segunda evidencia es que la utilización de la mentira genera incredulidad ciudadana. ¿Ha habido responsabilidades políticas por el engaño de las armas de destrucción masivas en Irak? ¿Quién puede garantizar que otra vez los servicios de inteligencia no hayan amañado las pruebas sobre la utilización de gas tóxico? ¿Qué compañías occidentales fabrican estas armas letales?

Barack Obama actúa porque su imagen de gendarme del mundo no le permite la inacción. Pero nos encontramos de nuevo con una acción militar al margen del mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Este selecto club de países poderosos, con la presencia testimonial y rotatoria de países que se sientan en la mesa de este organismo como coartada, sin derecho de veto, está bloqueado por la posición de Rusia, como lo está permanentemente por Estados Unidos ante cualquier iniciativa que perjudique a Israel. Pero el Consejo de Seguridad es la legalidad que han querido imponer los poderosos frente a la inutilidad de la Asamblea General. Si tampoco respetan su legalidad, ¿quién puede judgar a quienes se la saltan en el campo de la guerra?

Las víctimas civiles de los ataques norteamericanos serán considerados daños colaterales o indeseados. ¿Será un crimen de lesa humanidad el matar a niños, mujeres y civiles en una acción de castigo contra un régimen autoritario que seguirá en guerra contra unos rebeldes de los que desconocemos sus intenciones y su naturaleza?

Barack Obama no ha sido capaz en seis años de cerrar un centro internacional de torturas y detenciones indefinidas sin ninguna garantía jurídica. Ha incumplido promesas electorales. Y ha continuado engordando la lista de premios Nóbel de la Paz de quienes han recurrido a la guerra y han conservado su galardón. En realidad Obama no ataca Siria para defender a la población civil, que seguirá inmersa en una guerra cruel. Ataca para demostrar a Corea del Norte y a Irán que solo pueden tener armas nucleares y letales los países bienpensantes. Si Israel entra a sangre y fuego en los territorios ilegalmente ocupados, todo el mundo mira para otro lado. Si el régimen sirio se defiende con crueldad, hay que castigarle para que las cosas sigan igual, pero sin el uso de armas químicas, que se seguirán fabricando.

Pero hay que dejar claro quién puede hacer la guerra más cruel que con la utilización de armas convencionales. He llegado a pensar que las víctimas de Hiroshima y del NAPALM indiscriminado en Vietnam tienen la bendición del mundo occidental por una extraña razón de naturaleza metafísica y religiosa. A los malos hay que darles caña con la ventaja de tener el monopolio de su clasificación. Estados Unidos se queda sin el aliado europeo, el Reino Unido. Ahora tiene otro tonto útil; François Hollande se ha ofrecido voluntario. Bueno, el juego es el mismo que en Irak; solo cambia algún actor secundario.

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