A vueltas con España – Mariano no quiere irse.


MADRID, 1 (OTR/PRESS)

Todas las señales -políticas y económicas- que está enviando Mariano Rajoy van en la misma dirección: las elecciones de 2015. Por mucho ruido mediático que haya, que lo hay; por mucho que la Oposición se vuelque en que se vaya, y por mucho que en su partido haya cierta crítica interna y aspiraciones de sucesión, Mariano Rajoy sigue a lo suyo, sin descartar nada, ni siquiera su continuidad como candidato. Una mayoría absoluta bien combinada con un acertado manejo de los tiempos de la política -y de la justicia- constituye su principal arma defensiva.

A este paso, Mariano Rajoy no sólo aspirará a contener todos los ataques de los que es objeto por tierra, mar y aire, sino que podría ambicionar pasar al ataque. Para mucha gente seguramente este tipo de análisis resultan tan sorprendentes como inaceptables, viendo como está España, pero una cosa es el sentido común de la calle y otra el sentido común de Rajoy, que vive todo muy a su manera, desde siempre. Incluso aquellos que creen, con razón, que los «sobrados» sobran dan en hueso con Mariano.

Si no lo echan, Rajoy no se irá. Eso seguro. Y no es fácil que lo echen, salvo que vengan muy mal dadas en el juzgado. La Oposición no sólo está dividida, sino que es débil, y la prensa hostil le causa daño pero difícilmente podrá aumentarle la dosis. Los sindicatos no parecen estar para muchas más huelgas generales y los demás -banqueros, empresarios y compañeros de partido- bastante tienen con mirar qué hay de lo suyo.

Ni siquiera la economía podrá con Rajoy, ya que parece evidente que lo peor ya ha pasado, aunque no se haya arreglado mucho. Si alguien quiere que se vaya Rajoy -se supone que el líder del PSOE, sea quien sea- deberá ganarle en las urnas con un buen programa de gobierno, un liderazgo carismático e ilusión, mucha ilusión. Una buena Oposición prestaría, además, un mejor servicio al país si confía en el valor de la política y de la democracia, porque la justicia está para lo que está y tiene sus tiempos, que son los que son, para bien y para mal.

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