Andrés Aberasturi – La vida de Emilio García.


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Sólo espero que haya algo que se me escape y todo esto tenga ya esté solucionado felizmente. Pero «El País» informaba el domingo que para Emilio García, 95 años, lo que debía haber sido un rápido paso por quirófano para operarle el fémur con apenas cuatro días de postoperatorio, se ha convertido en un asunto de vida o muerte. «Emilio agoniza en una cama de un hospital concertado de Vigo, Povisa, porque una huelga ha retrasado su operación sin que nadie, ni el centro ni la Xunta, se hagan responsables de su situación». Todo lamentablemente claro hasta aquí como claras las explicaciones y la razones de unos y otros tratando de echarse la responsabilidad de semejante drama. Pero el caso es que Emilio García ha entrado ya en una gravedad extrema.

No voy a hacer amigos hoy en el sector sanitario -y bien saben muchos el respeto que les tengo y el agradecimiento que en general les he mostrado siempre-. No voy a hacer amigos porque no me interesan nada, hoy por hoy, ni los problemas laborales que les han llevado a la huelga, ni la postura de la empresa Povisa ni las obligaciones de la Xunta. Ante todo y por encima de todo está la vida de un hombre, la vida de Emilio García que hay que salvar y ese deber de los implicados y ese derecho de Emilio, prevalece sobre cualquier conflicto y es absolutamente prioritario.

Es prioritario a la huelga que tendría que abrir un paréntesis y destacar a los profesionales necesarios para operar ya, ahora mejor que dentro de una hora, a este hombre de 95 años que puede morir por la postración y a la espera de una operación sencilla. No voy a invocar ni juramentos hipocráticos ni deontologías altisonantes: se trata simplemente de humanidad, de que los médicos y sanitarios que tengan que intervenir en la solución, abandonen el paro el tiempo necesario para salvar una vida que empieza a estar en peligro y que nada tiene que ver con sus problemas laborales.

Es prioritario que la empresa que gestiona el hospital -me da igual la literalidad de los convenios que haya firmado con la Xunta- soluciones de forma inmediata la situación y haga lo que tenga que hacer para que este hombre sea atendido hoy mismo.

Y es prioritario que la Xunta tome cartas en el asunto y no se limite a pedir que empresa y trabajadores lleguen a un acuerdo. La obligación de Xunta es salvar a Emilio García, ciudadano gallego, por encima de todos los convenios y de todas las competencias o incompetencias del resto del mundo. Es que resulta incomprensible que las administraciones gasten cientos de miles de euros en el rescate de un montañero -que me parece muy bien, claro- y no haya forma legal de que Emilio García, hospitalizado en un centro a la espera de una simple operación, pueda morir por falta atención médica.

No quiero ni pensar que el caso de Emilio García es el que ha saltado a un periódico y como él hay más en España. Pero lo que está claro es que ninguno de los tres sectores implicados en su problema puede no responsabilizarse: ni los sanitarios por mucha razón que tengan en su huelga, ni la empresa por muchas quejas que tenga contra sus trabajadores, ni la Xunta por muy ajena que esté -según ella- al conflicto. Cuando un hombre puede morir por falta de atención, nadie debería ni conciliar el sueño hasta solucionar el problema.

La única esperanza que me queda es que cuando el lector eche un vistazo a esta columna, Emilio García, de 95 años, esté ya operado y rehabilitando porque se haya impuesto no ya la sensatez sino la simple humanidad. Ojalá.

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