Antonio Casado – Serpiente de verano.


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

En la vuelta al cole echamos la vista atrás, donde quedan las vacaciones y el dolce far niente. Mis colegas del oficio saben que para un periodista eso nunca adquiere la condición de evasión total. Hasta en la playa sentimos el miedo al vacío informativo y la desconexión. Salvando las distancias, también el ciudadano de a pie mantiene la curiosidad de lo que ocurre en su entorno, aunque sea como tema de conversación en las placenteras tertulias veraniegas.

Así que se me ha ocurrido hacer un pequeño muestreo de lo que puede haber sido el tema estrella del mes de agosto. Actualidad a media asta que se nos ha ido apareciendo en el tradicional mes de las vacaciones españolas.

Los medios de comunicación han despachado a manos llenas el escándalo de Bárcenas, la guerra en Siria, las sangrientas manifestaciones de Egipto, las interminables colas en la verja de Gibraltar y los inevitables incendios forestales de cada verano. En todos estos asuntos se han empleado a fondo las televisiones, las radios, los periódicos -los digitales y los de papel- y las agencias de noticias. Sin embargo ninguno de ellos ha merecido el dudoso honor de pasar a nuestra historia de cercanías como la serpiente de verano del año 2013.

Esa palma se la ha llevado la Familia Real española, convertida este mes de agosto en una comedia de puertas que habría inspirado inmediatamente a los grandes de los cincuenta, como Jardiel, Mihura, Neville, Tono, López Rubio, etc.

Las medias palabras, las insinuaciones y los atajos verbales que los medios de comunicación han utilizado para referirse a las relaciones entre los distintos miembros de la familia de don Juan Carlos, no han hecho más que disparar los rumores y multiplicar la morbosa curiosidad de los españoles por saber qué está ocurriendo realmente en el seno de esa familia. Pero hay datos suficientes, más allá de los rumores, como para afirmar que esas relaciones no pasan por su mejor momento.

A saber. A la distancia afectiva entre el Rey y la Reina, que ya es un clásico, mientras la reina Sofía se hace fuerte con los nietos, se une ahora la pre-separación de los duques de Palma. Que la infanta vaya a vivir en Ginebra y su esposo, Iñaki Urdangarin, en Barcelona, recuerda el famoso «cese temporal» de la convivencia entre la infanta Elena y Jaime de Marichalar. Y para completar el cuadro empiezan a circular las confidencias sobre las relaciones entre el príncipe Felipe y la princesa Letizia. El tema ha estado sometido a continuas tomas de temperatura por parte de los expertos en realeza.

Esa ha sido la serpiente del verano. Esperemos que no se cumpla el alarmante diagnóstico formulado por los analistas curtidos en el seguimiento de la familia real. Dicen que es «la familia más desestructurada de España en estos momentos». Y esta sí es, en si misma, una pésima noticia para todos, periodistas y no periodistas, veraneantes y esforzados ciudadanos de vuelta al tajo.

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