Fermín Bocos – Un escarnio.


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

La contratación del futbolista Gareth Bale por el Real Madrid al precio de 91 millones de euros (y antes la de Neymar por el Barça por una cantidad, también, descomunal), son noticias que se transforman en metáfora de los tiempos oscuros en los que estamos inmersos. Oscuros por insolidarios. Por la insolencia con la que los poderosos se relacionan con los más golpeados por la crisis. No de otra manera puede interpretarse la libranza de semejante cantidad de dinero aunque sea por cuenta de un club de fútbol (iniciativa privada) en un momento en el que en España hay cerca de seis millones de personas en el paro. Para más inri, la noticia coincide en fecha con el anuncio de nuevos planes de la ministra de Empleo (¡qué ironía de título!) de una reestructuración del sistema de pensiones, nueva que, a la espera de concretar su alcance, sin duda, desasosiega a los nueve millones de pensionistas que hay en el país.

Qué el fútbol sea un aliviadero, una válvula de escape de las tensiones políticas y sociales -a la manera como lo fue el circo en tiempos de Roma-, no exonera a los directivos de los clubes de un exigible mínimo común de sensibilidad social. Puesto que vamos todos en el mismo barco no es demagógico señalar que aquellos a quienes la fortuna ha puesto a salvo de las inclemencias del temporal tienen el deber moral de no escandalizar a los millones de españoles a quienes la crisis y sus secuelas: el paro, la ruina de empresas, las hipotecas impagables, los desahucios…, han confinado en la exclusión. A aquellos ciudadanos duros de corazón que defienden el derroche que supone invertir semejante millonada para contratar a un futbolista habría que recordarles, entre otras cosas, que aunque el Madrid, el Barça y el resto de clubes no son entidades públicas, se benefician de un trato fiscal que por lo que tiene de privilegio resulta un agravio para quienes cumplimos religiosamente con el Fisco. Recordarles, sobre todo, que la crisis y las políticas erráticas de unos y de otros han dejado en la cuneta a media España. Hacerles ver que en el país fermenta, día a día, el descontento social. Recordarles en fin, que, cualquier llama, puede encender la mecha.

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