Luis Del Val – El terrible regreso.


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Escucho por la radio a una psicóloga que habla de lo que denomina «síndrome posvacacional», que viene a ser un conjunto de trastornos como «ansiedad, angustia y desesperación», que decía la letra de un antiguo bolero, algo así como el dolor por el paraíso perdido y la frustración de un amor imposible. Mientras escucho me acuerdo de mi padre, que trabajaba de lunes a sábado por cuenta ajena, y el domingo por cuenta propia; y a mi madre, que trabajaba todos los días del año, y mucho, en su casa, y, además, por las tardes, en otra empresa ajena, y no recuerdo nunca que tras las dos semanas de vacaciones se les notaran trastornos en el dormir, tristeza o una pizca de principio de depresión. Claro que mis padres no eran nada posmodernos, incluso yo mismo, cuando faltan tres días para el regreso, siento una especie de ilusión renovada, que a lo mejor me tengo que ir al psicólogo, pero por razones opuestas.

De todas formas, algo más de cinco millones y medio de españoles no tienen ningún problema relacionado con este síndrome, sencillamente porque no tienen trabajo. Como me dijo una vez, un señor con mucho dinero, cuando yo todavía no había cumplido los veinte años: «No sabe usted, joven, los quebraderos de cabeza que causa tener dinero». Algo así podrían explicarles los que tienen la mala suerte de tener trabajo a los que son tan felices por no encontrarlo: «No sabéis lo duro que es tener un empleo y regresar después de las vacaciones».

Al terminar, la psicóloga recomienda acudir al médico si los trastornos no se alivian por sí solos. O sea, que tenemos una Sanidad colapsada, donde la operación de cataratas diagnosticadas tarde una media de tres meses -medio año si uno vive en Cataluña- y vienen ahora los del síndrome de septiembre a explicar que no pueden dormir, porque tienen que ir a trabajar.

Hay días en que la realidad país de este parece una parodia de la realidad auténtica, y lo auténtico una farsa de unas circunstancias que alguien se inventa. Y eso es algo dramático, aunque hablemos de farsas y parodias.

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