Más que palabras – Pensiones y futuro.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Nos han puesto fecha para hacer los deberes. La Comisión Europea nos dio de plazo hasta el 2016 para corregir el exceso de déficit público, pero puso como condición la reforma de las pensiones, algo que todo el mundo cree imprescindible si se quiere frenar el déficits de la Seguridad Social. Después de reunirse «sesudos» expertos para establecer los criterios que se deben tener en cuenta de acuerdo la esperanza de vida, el concepto de equidad intergeneracional, la revalorización anual etc el Gobierno ha anunciado ya en lineras generales por donde irán los tiros y mandar de paso un mensaje de tranquilidad a Europa.

De entrada el Gobierno va a poner en marcha un índice de corrección que permitirá adaptar la cuantía de las pensiones a la esperanza de vida de los españoles. Es decir, conforme esta esperanza de vida vaya incrementándose la prestación que corresponde a cada jubilado tendrá que repartirse entre más años por lo que, en definitiva, la asignación anual sin inferior. Este factor se calculará cada cinco años. La pregunta clave que requiera una repuesta clara y contundente es si las pensiones suben o bajan y cuales son las perspectivas a medio plazo. Lo positivo, según nos dicen, es que las pensiones, a partir de ahora, tendrán una cláusula suelo y otra techo, que éstas no podrán congelarse nunca y que siempre subirán un mínimo del 0,25 por ciento. Sin embargo, en aquellos ejercicios donde los ingresos se disparen por encima de los gastos por la bonanza económica las pensiones tampoco podrán incrementarse por encima del IPC más de un 0,25 por ciento.

Sea como fuere los expertos ya vaticinan que las pensiones no se podrán revisar al alza más de un 0,25% al menos durante los próximos cinco años, sea cual sea el IPC.

El asunto de las pensiones es, sin duda, un tema profundamente electoral y también electoralista. De hecho, de aprobarse la reforma, en los términos que se están planteando, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy podrá acudir a las elecciones del 2015 sin haber congelado las pensiones y presumir de que, a pesar de la crisis, él no ha hecho lo que su antecesor Rodríguez Zapatero. Este es, sin embargo, un tema crucial y no sólo porque en estos momentos los pensionistas están siendo el sostén de muchas familias con todos sus miembros en paro, sino porque debería ser sagrado no sacar el tema del pacto de Toledo, una de las mejores cosas que se han conseguido en los años de democracia. Ese es el contexto de cualquier reforma del sistema de pensiones y emponzoñarlo con la trifulca diaria, no es sólo un error, sino un motivo más de desconfianza de los ciudadanos hacia los partidos políticos. Con las pensiones no se juega y meter un asunto tan delicado en la confrontación electoral para intentar arañar los votos de la población más vulnerable, además de un ejercicio inútil, es simplemente una «sinvergonzonería», que diría mi abuela.

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