Rafael Martínez-Simancas – Edad y certidumbre.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Hay términos que casan mal en la vida pero que conviven en un decreto porque el papel «lo aguanta todo». La ministra de Trabajo, Fátima Báñez, se dispone a ajustar pensiones en función de algunas variables que afectan al ser humano básicamente la resistencia que tenemos a la edad: en España nos caen los años con optimismo y sin hacernos mella. La certidumbre es la que nos dicen los datos de Sanidad: cada vez mas longevos, mas sanos, con dientes de cine, piel tersa bronceada; en consecuencia acudimos con mayor alegría a los fondos de la Seguridad Social porque para algo hemos cotizado durante los años de actividad laboral. No es que la ministra nos desee algo malo, (que no es eso), pero si la certidumbre fuera negativa entonces los balances estarían que daría gloria y no sería necesario hacer encaje de bolillo con las telas de araña que custodian las bodegas de nuestros ahorros.

Dicho de otra manera: hagan el favor de cogerse un catarro de vez en cuando y ayudarán a la causa. No puede ser que se jubilen lustrosos y con ganas de crucero, a su edad sus abuelos estaban achacosos, desdentados y habían pasado varias hambrunas. Jubilarse en buenas condiciones es de ricos, oiga. En Alemania se asombran de nuestra capacidad de resistencia, ellos también la tienen pero consideran que bien ganada, en cambio a los vecinos del sur nos ven como si hubiéramos hecho un pacto con Nefistófeles.

La ministra juega con las variables en un ordenador que pone cosas muy diferentes dentro, las agita, echa humo como aquellos viejos inventos del TBO y resuelve que así no podemos seguir mucho tiempo. Ese ordenador se asombra de que ni siquiera nos pique una avispa, o que las famosas sangrías veraniegas que tantos cólicos provocaron en las playas tampoco hagan estragos, ¡será que no quedan tunos que inciten a beber! Encima los yogures se pueden tomar pasados de fecha como dice el Ministro de Agricultura. Nos hemos vuelto imbatibles y ese ordenador no hace más que recoger buenos datos de nuestra salud que a su vez son pésimas noticias para la caja de la Seguridad Social.

Si se cruzan con la ministra tosan aunque sea por caridad, y si les pregunta qué tal díganle que ahí vamos tirando. Unas ojeras pintadas, un cierto dolor en la pierna que nos obligue a caminar con bastón. Cualquier dato que incline la certidumbre hacia el lado de la enfermedad y así los asesores de la ministra esbozarán una sonrisa feliz al intuir que este invierno la gripe pueda causar estragos.

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