Siria: ¿Al paso alegre de la paz?

De todo lo que se ha dicho, lo que más me ha llegado al corazón es una frase de John Kerry:

“Solo por anhelar la paz no la conseguiremos, y la historia nos juzgará severamente si cerramos los ojos ante un dictador sin escrúpulos que usa armas de destrucción masiva pese a todas las advertencias”.

El secretario de Estado asegura disponer de múltiples pruebas que demuestran que fueron tropas de Bachar el Asad las que perpetraron el ataque en las afueras de Damasco el 21 de agosto.

Y haciendo suyas la línea marcada por el presidente Obama, añade que eso obliga a la comunidad internacional a dar una respuesta firme, no solo con el objetivo de que dejar claro al régimen sirio que ese comportamiento es intolerable, sino también para que otros –Irán, Corea del Norte y los islamistas de Hezbolá- sepan que el uso de armamento de destrucción masiva no quedará impune.

Es evidente que si EEUU se echa ahora atrás y no impone la ‘línea roja’ que trazó el presidente cuando el conflicto todavía no había causado100.000 muertos y dos millones de refugiados, los ayatolás pueden oler debilidad y animarse a acelerar sus planes para dotarse de bombas nucleares.

El de la Casa Blanca es un planteamiento impecable, pero en política internacional, como en casi todo en la vida, lo complicado es pasar de la poesía a las matemáticas.

Y la triste verdad aquí es que ambos bandos son fuerzas del mal.

Asad es un carnicero sin escrúpulos, protegido por Teherán y con los terroristas libaneses como esbirros. Los rebeldes están asociados con Al Qaeda y con fanáticos que sueñan con borrar a Israel del faz de la tierra y odian a Occidente.

En Siria no se puede apostar por nadie y eso hace que el mensaje de Obama, como subraya bien Putin desde el Kremlin, corra el riesgo de quedarse en un frustrante y desestabilizador:

“Señor Asad, mate con cuchillo, fusil, ametralladora, mortero o cañón, pero no con gas”.

Muy poco para tanto peligro.

Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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