Fermín Bocos – Obama atacará, pero sin ganas.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Somos esclavos de nuestras palabras. En la política más que ninguna otra actividad. Hace unos meses, cuando diferentes instancias y medios de comunicación clamaban por una intervención militar de los EE.UU. para frenar la carnicería en la que ha devenido la guerra civil siria y abundaban las acusaciones contra los excesos de las tropas de Bashar Al Asad, el presidente Barack Obama dijo que la «línea roja» sería el empleo de armas químicas. Al trazar una raya, asumió y comprometió, una hoja de ruta que es la que en estos momentos -ante los potentes indicios del empleo de armas químicas contra población civil- le tiene emplazado a cumplir. Pero se le ve renuente; como arrastrado por los acontecimientos.

Vista la amarga experiencia de Afganistán y el fracaso sin paliativos en Irak, se resiste a emprender una nueva aventura militar. Tiene a la opinión pública en contra y no ignora que las guerras se sabe cuando empiezan pero no cuando terminan. Dice que ya ha tomado la decisión de atacar y ha conseguido un borrador del Congreso de los EE.UU. que le autoriza a intervenir en Siria, pero le han puesto plazo (dos meses) y restricciones: en ningún caso habrá desembarco de tropas.

Obama, que en el plano internacional sólo cuenta con el apoyo de Francia, quiere aprovechar su encuentro con Putin este fin de semana en San Petersburgo para intentar allegar algún tipo de acuerdo sobre Siria. Putin, principal aliado de Al Asad, ya dicho lo que será lo máximo que le escucharemos decir sobre este asunto: que cualquier actuación en Siria debe pasar por el Consejo de Seguridad de la ONU, y que si EE.UU. presenta pruebas irrefutables de que ha utilizado armas químicas, reconsideraría su posición actual sobre éste asunto. Pide, en suma, pruebas inequívocas de que los proyectiles cebados con gas sarín partieron de morteros utilizado por las tropas de Al Asad y no de alguna de las facciones rebeldes.

Vista la experiencia de las «armas de destrucción masiva» que fueron la excusa invocada por George Bush Jr. para invadir Irak, su desconfianza, no carece de lógica. Antes del presunto bombardeo con gas sarín, víctimas de armas más convencionales, en Siria ya habían muerto alrededor de cien mil personas. Todo este asunto apesta a hipocresía y a compromisos políticos forzados. Haga lo que haga Obama, será difícil alejar la idea de que si ha llegado a dónde estamos ha sido forzado por las circunstancias políticas, no por ideales humanitarios. Creo que atacará, pero sin ganas. Triste capítulo en la biografía de un premio Nobel de la Paz.

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