Fermín Bocos – El desconcierto de Mas


MADRID, 06 (OTR/PRESS)

La vida política catalana ha entrado en una fase nueva. Se caracteriza por el desconcierto de los partidarios de la consulta pro independencia y por la sorpresa de quienes defienden la Constitución y el legado de la Historia y, en consecuencia ,la permanencia de Cataluña en España. Todo a cuenta del último e inopinado anuncio del presidente de la «Generalitat», Artur Mas, quien, a falta de cuatro días para la «Diada», ha dado un paso atrás en su deriva separatista anunciando que sin el permiso del Estado no convocará la consulta , el referéndum encubierto, que había comprometido con sus socios parlamentarios de ERC. Al tiempo, anunciaba que ahora, su pretensión, es convertir en plebiscitarias las elecciones autonómicas del 2016.

Tras el anuncio se han disparado las cábalas. ¿Maniobra estratégica dilatoria o repliegue táctico ante el riesgo de ruptura interna en CiU? Sobre lo segundo, no hay mucho que especular: por una vez, Unió (la mitad de CiU) ha sido capaz de salir de su genética ambigüedad política y ha hecho saber que no es partidaria de insistir en la deriva independentista en los términos en los que está planteada como resultas del acuerdo con ERC. El riesgo de ruptura de la coalición es real, pero no parece que haya sido el detonante del inopinado giro político dado por Artur Mas. Me inclino a pensar que han sido cuestiones más prácticas las que han impulsado la nueva posición del presidente de la «Generalitat». La primera de todas saber que el Gobierno central, en cumplimiento de la ley, está decidido a impedir que en colegios u otras dependencias públicas pudieran instalarse mesas y cabinas a efectos de proceder a la anunciada votación. Con todo lo que eso comporta.

La «Generalitat» no tiene capacidad legal para convocar un referéndum, Mas lo sabe, pero sólo ahora cuando los plazos de su errática deriva empiezan a vencer y sus socios de ERC le reclaman es consciente del callejón sin salida en el que se ha metido. Oficialmente, Mariano Rajoy, desde La Moncloa, no ha contestado a la carta en la que el mandatario catalán expresaba las razones que según su decir justificaban la celebración de un consulta de esta naturaleza, pero los mensaje y contactos (discretos) entre dirigentes del PP y de CiU son constantes y desde Madrid se ha hecho llegar un mensaje inequívoco: fuera del marco legal, nada es viable. Dentro, la disposición para hablar, es buena. Pretender lo contrario es una apuesta segura para el fracaso político. La «Generalitat» es deficitaria y Cataluña tiene problemas financieros acuciantes. El choque de trenes «con Madrid» al que conduce el pacto con ERC agravaría los problemas. De momento, la «cadena por la independencia» se quedará en una foto para la Historia. Mas quiere llegar al 2016 para repetir lo que ya le salió mal en las últimas elecciones, pero ese es un cálculo estratégico sobre el que lo único que se puede proyectar es una reflexión acerca de sus efectos inmediatos: renunciar a convocar un referéndum ilegal, aunque le creará turbulencias con ERC, rebaja la tensión institucional con el Estado en la que estábamos instalados.

En ese registro, sólo en ése, y desde la perspectiva del interés común de los españoles, la decisión de Artur Mas podría interpretarse como una buena noticia. A veces, ganar tiempo, es ganar porque los desconciertos caen por su propio peso.

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