Fernando Jáuregui – Cuarto de hora dulce para Rajoy… o no, que diría Rajoy


Dicen que todo el mundo tiene su cuarto de hora de protagonismo. Y todo el mundo, supongo, tiene su cuarto de hora dulce, esos momentos en los que parece que todo te sale bien. Es el caso, quince minutos de gloria -que, por supuesto, le deseo prorrogables–, de Mariano Rajoy.

La amistosa mano en el hombro -dos minutazos, nada menos- de Obama, en San Petersburgo, ha sido ágilmente aprovechada por los altavoces con sordina de La Moncloa, faltaría más. San Petersburgo, la ciudad imperial donde el presidente español fue felicitado ¡hasta por Putin! por la gestión de la economía, tan mejorada en un año -o quizá no tanto, pero si el G-20 se empeña–. La antigua Leningrado, donde Cameron, el «premier» de la pérfida Albión, se apresuró a solicitar un encuentro bilateral con su colega español para ver si entre los dos llegan a un arreglo (siempre provisional, claro) sobre Gibraltar.

Exitos internacionales para un Rajoy que, a la vista de cómo le tratan en casa, bien los necesita. Solo falta que el comité olímpico se atreva este sábado, una vez más, a contradecir las previsiones de las casas de apuestas londinenses -radicadas algunas, por cierto, en el Peñón- y conceda sus favores a Madrid 2020. Algo que, innecesario decirlo, sería bien aprovechado por esos portavoces con sordina a favor de las gestiones del inquilino monclovita y su equipo, por más que el jefe del «team» haya sido el Príncipe.

Si a todo esto le añadimos que muy oportunamente se ha filtrado una reciente entrevista secreta entre Rajoy y Artur Mas, de la que habría salido un cierto paso atrás en las posiciones del president de la Generalitat (la consulta secesionista ya no será en 2014), tendremos un cuadro bastante completo del buen momento por el que pasa Mariano Rajoy.

O no… que diría el propio galaico presidente del Gobierno de España. A quien, por cierto, hay que concederle que ha trabajo mucho, y a veces bien, contra viento y marea en el muy difícil capítulo económico, donde la ayuda de la buena coyuntura europea ha sido, claro está, fundamental. Y, si es verdad que ha logrado introducir un ánimo negociador en el mesiánico Mas, mayores reconocimientos. Pero…

Pero ahí sigue el recluso de Soto del Real. Un capítulo no terminado y muy mal gestionado tanto desde Génova como desde La Moncloa, como todo el mundo, incluidos los miembros de la ejecutiva del PP, que en la última reunión no abrieron la boca, sabe y piensa. Rajoy volvió de sus vacaciones diciendo, en el acto de Soutomaior, que no pensaba cambiar nada, aparentemente porque cree que todo se está haciendo bien, tanto en el Gobierno como en el partido. Y eso, claro, no es así.

La política interna en la mismísima formación que él preside sigue siendo el talón de Aquiles de un hombre que, en este cuarto de hora, saborea, al fin, algo que no sean sapos. Pero, como en el famoso cuento de Monterroso y el dinosaurio, los sapos siguen ahí, aguardando su oportunidad, que, Soto del Real mediante, no tardará en llegar, porca miseria.

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