Andrés Aberasturi – Volver a lo cotidiano.


MADRID, 09 (OTR/PRESS)

Bueno, pues ya está; se acabó el sueño olímpico y si hay que elegir entre el inglés de la alcaldesa de Madrid y los negocios firmados unos días antes entre Japón y Kuwait como la razón del fracaso, digo yo que debe pesar más lo segundo que lo primero; pero ya da igual, el sueño se convirtió en pesadilla y la pesadilla nos ha dejado a todos un poco agotados de forma que habrá que volver a Bárcenas, a los EREs de Andalucía, a los soberanismos de Mas que parecen que van menguando, a las facturas de UGT que parece que van en aumento pese a los incendios, a los préstamos del Rey a su hija, al apoyo de Rajoy -y diez países más- a no se sabe exactamente qué, que pidió Obama, a las más que creíbles operaciones/conspiraciones internas del PP en Valencia, a las ansias recaudatorias de Montoro que quiere cobrar incluso a los pensionistas que emigraron a Alemania hace años, a Rubalcaba, ese hombre desubicado por mas que se empeñen en decirnos que no, a la nueva presidenta de Andalucía que se declara heredera de ZP (que también son ganas porque no se sabe si realmente se lo cree o es por fastidiar al desubicado), a ese nuevo verso suelto que le ha salido al PP llamado Arantza Quiroga y que dice aun lo que piensa y piensa lo que dice, lo cual la puede laminar o subir a los altares, a Esperanza Aguirre que lleva ya tiempo siendo más prosa suelta que verso en el seno de Génova y quiere «remover el partido», a la ida con vuelta de Chacón, a la corrección para bien de algunos datos económicos, al juego de los espías en Cataluña… y que cada cual añada a esta lista los temas de su preferencia.

Volveremos a todo eso porque al final la vida cotidiana es un círculo vicioso que se rompe muy de vez en cuando expulsando temas e incorporando a otros. Aun nos quedan unos días de JJOO y resulta curioso que en la mayoría de los medios de comunicación haya siempre una columna o una colaboración que se titula algo así como «Las verdaderas razones del fracaso de Madrid». No coinciden unas con otras, claro, pero a eso ya estamos acostumbrados: sobre «la verdad de lo ocurrido el 23-F» se han escrito decenas de libros la mitad de las veces contradictorios y lo único cierto es que aun no sabemos -quizás nunca lo lleguemos a saber- quién estuvo verdaderamente detrás de aquella bochornosa historia además de los militares implicados.

Pero eso ya es pasado como será pasado el fracaso de Buenos Aires. Ahora toca volver a lo de siempre: especular con la verdad, vender periódicos, pagar un precio moralmente insólito a cambio de una exclusiva dudosa y que el Gobierno y la oposición sigan en su papel aunque ninguno de los dos esté del todo convencido: ni Rajoy se siente todo lo fuerte que realmente es -hablo de mayorías contables- lastrado por sus problemas internos y por sus errores reconocidos, ni Rubalcaba sabe muy bien, aunque intente parecer un tipo serio, donde está el final de su futuro.

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