Luis del Val – Fascistas en Madrid y en Barcelona.


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

El diputado Josep Sánchez Llibre, de CiU, que se encontraba en la librería Blanquerna, de Madrid, ha calificado a los agresores que causaron heridas leves en cinco personas e irritación de ojos en otras tantas, de vándalos y fascistas, definición con la que estamos de acuerdo. Hay que reconocer que la diligencia de la Policía de Madrid ha sido extraordinaria, y, a la hora en que escribo, ya han sido detenidas media docena de personas, presuntamente relacionadas con el caso. Menos suerte suelen tener los mossos de Cataluña, cuando hay rotura de cristales, empujones y ataques a las sedes del PP, porque nunca se ha detenido a nadie. El celo de los mossos es indiscutible, y el carácter fascista de quienes muestran intolerancia hacia un partido legal, o queman banderas de España, resulta axiomático, pero habrá que reconocer que los fascistas de Madrid son más ingenuos o más torpes, y los de Barcelona, en cambio, más astutos y habilidosos.

Pero a mí el fascismo anecdótico de los grupúsculos, o de los jóvenes violentos, me preocupa bastante, pero menos que el fascismo institucional, ese síntoma de que en determinados estamentos se incube el huevo de la serpiente fascista.

Por ejemplo, me alarma sobremanera que haya habido tantos casos de personas que no hayan podido dar una conferencia en alguna de las universidades catalanas, impidiéndolo un grupo de fascistas-nacionalistas. Y me sobrecoge que el rector respectivo no haya tomado ninguna medida al respecto. Por ejemplo, me sobresalta que un espectador de un partido de fútbol, que ha pagado su entrada, sea obligado por la fuerza a abandonar el recinto, porque lleva una bandera española, sin que a nadie le extrañe este avasallamiento del derecho de la persona. Cuando los actos fascistas y arbitrarios son cometidos por un pequeño grupo de gamberros no suelen tener demasiada trascendencia, pero cuando esos actos vandálicos reciben la comprensión de las autoridades que tienen la responsabilidad de imponer el orden y la Ley, y se considera que defender el orden y la Ley puede ser «un acto de provocación», es que el fascismo se ha infiltrado de manera muy peligrosa en los despachos de quienes deberían combatirlo. Y hay que luchar contra él. En Madrid… y en Barcelona.

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