Más que palabras – Jueces y jueces


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

La vemos llegar al juzgado todos los días perfectamente vestida, arrastrando un pesado maletín que, sin duda, esconde secretos que pondrán en apuros a muchos, hierática ante las cámaras y los flashes y dando una imagen de persona imperturbable por mucha que sea la presión. La izquierda andaluza ve algo demoníaco en la juez Mercedes Alaya, simplemente porque se ha atrevido a meter mano al apestoso asunto de los ERES. Se ha convertido en alguien molesto pero, sobre todo, peligroso porque todo aquel que se enfrenta al poder es un peligro para los intereses oscuros y espurios de algunos.

Cada vez que el PSOE insiste en que lo de Chaves y Griñán es una imputación mediática y que hay intereses políticos en cada uno de los pasos que se dan en este auto, su credibilidad empeora. Ya es inevitable ver a ese partido ligado a la corrupción como lo es ver al PP unido al caso Bárcenas. Es verdad que en este último paso de imputar a los máximos responsables del PSOE-A la jueza ha utilizado los entresijos de la ley de Enjuiciamiento criminal pero no se apeado de la legalidad ni un milímetro, estamos ante uno de los casos de corrupción más escandalosos de la democracia y en cuantía muy superior al tema Bárcenas. Por lo tanto hacen mal los dirigentes socialistas en mirar hacia otro lado, ver la paja en el ojo ajeno, y pretender poner el foco de atención sobre la imparcialidad e independencia de la señora Alaya. Ha habido un saqueo bochornoso de las cuentas públicas y además la partida económica esquilmada tenía como destino a los más vulnerables y sobre eso no se puede correr un tupido velo, es muy difícil de creer que en una trama de corrupción tan intrincada en las entrañas del sistema autonómico andaluz y que se alargó en el tiempo tantos años, los máximos responsables políticos no estuvieran al cabo de lo que era un secreto a voces en toda Andalucía. Si esto fue así o no, le toca ya dilucidarlo a la justicia pero es necesario depurar todas las responsabilidades políticas. Dicen en el entorno de José Antonio Griñán que es completamente injusto que se le equipare a su antecesor Manuel Chaves y argumentan que, al fin y al cabo, los hechos se produjeron en el entorno de la vieja guardia y durante la gestión de gobierno del señor Chaves pero, él también era consejero en esta época por lo que el argumento es fácil de desmontar.

Sea como fuere van intentar por todos los medios desprestigiar a la juez Alaya al igual que lo están intentando con el del caso Noos que implica al yerno del Rey. Según hemos sabido tanto José Castro como el fiscal anticorrupción Pedro Horrach son víctimas de seguimientos desde hace meses como una forma de amedrentamiento. A Castro le han pinchado las ruedas del coche, sellado con silicona las cerraduras de su casa y sembrado de excremento la puerta y el fiscal ha recibido anónimos contra él y su mujer. A muchos no les interesa que se aclare la verdad del caso Urdangarín, como no quieren que sepamos toda la verdad de los ERES. Afortunadamente en ambos supuestos estamos ante jueces íntegros y valientes que, en apariencia al menos, no se dejan influir ni por la presión política ni por la mediática. Jueces así te hacen recuperar cierta confianza en la Justicia y creer que, al menos alguna vez, existe la separación de poderes.

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