Antonio Casado – Socialistas catalanes.


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Entre el inmovilismo de Rajoy y los delirios de Artur Mas, el PSOE de Rubalcaba, secundado por el PSC de Navarro, propone la vía federal previa reforma de la Constitución. Más madera. Más leña a los fuegos artificiales de lo que no puede ser porque no puede ser y además es imposible, que diría el torero sentencioso: la hipotética creación de un Estado en Cataluña, una vez consumada la segregación de España.

Hace unos días declaró el ex presidente del Congreso, José Bono, que el PSC (Socialistas catalanes) y sus amontonamientos con ERC son causantes directos de que el nacionalismo catalán haya convertido en algo verosímil su desafío segregacionista. Y tiene razón, pero lo malo es que en las actuales circunstancias tampoco se aprecia en el equipo dirigente de Pere Navarro una marcha atrás en esa deriva. De hecho, el PSC apuesta por el llamado derecho a decidir (viento en las velas del nacionalismo y su referéndum), aunque a renglón seguido afirma que en ningún caso apoyaría la independencia de Cataluña.

En estos momentos, Artur Mas trata de acercarse al PSC para incorporarlo a un eventual frente unitario de los partidos catalanes que presione ante el Gobierno de la Nación para que, por la vía del diálogo, se acabe haciendo posible la celebración legal y autorizada de una consulta el que los catalanes puedan decidir unilateralmente (es decir, sin participación del resto de los españoles) sobre el futuro de Cataluña.

El hecho de que la propuesta de reformar previamente la Constitución haya sido formulada conjuntamente por Rubalcaba (PSOE) y por Navarro (PSC) puede ser una forma de eludir la llamada de Artur Mas al «frente común». No lo sabemos. Pero sí sabemos que un alineamiento del PSC con CiU y ERC en la reclamación de la dichosa «consulta» sería un nuevo sartenazo político de Navarro al bajo vientre de Rubalcaba, habida cuenta de que el líder del PSOE siempre se ha mostrado contrario al «derecho a decidir» y a cualquier vía que lleve a la independencia de Cataluña.

A muchos nos gustaría ver a los socialistas (catalanes o no) defendiendo sin matices la identidad catalana y española de los ciudadanos que viven en esa Comunidad Autónoma, como el marco geopolítico en el que el socialismo se produjo a lo largo de la historia pensando en personas, no en territorios. Pero, por desgracia, ahora estamos viendo un socialismo en el que parecen más importantes sus conceptos territoriales que sus desvelos por mejorar la condición de los seres humanos.

El resultado es que, al menos aparentemente, el PSC está haciendo ahora una política más cercana a sus votantes catalanistas (el país, ante todo), que son los menos, que a los votantes socialistas (las personas, ante todo), que son los más y que en el pasado siempre dieron los años de gloria electoral al PSC y, a escala nacional, al PSOE.

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