No te va a gustar – El desgaste de las «números dos».


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

La sede del Partido Popular, en la madrileña calle Génova, es un hervidero de rumores y de tensiones que ya no pueden ocultarse a la opinión pública. La reanudación de los «maitines» en torno a Mariano Rajoy evidencia el deseo del presidente del partido y del Gobierno de retomar un control personal de lo que pasa en la formación que sustenta al Gobierno y también de lo que ocurre en el Gobierno mismo. Y lo primero que ha quedado en evidencia, de acuerdo con no pocas fuentes, es una cierta pérdida de peso de la secretaria general, María Dolores de Cospedal, como enlace entre el Ejecutivo y el partido; ciertamente, las tan difundidas malas relaciones entre la secretaria general, persona influyente y muy cercana a Rajoy, y la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, no facilitan esta coordinación, que habrá de ser asumida cada vez más personalmente por el propio presidente. Pero también se han detectado algunas voces internas de decepción de las tareas de Soraya Sáenz de Santamaría como «número dos» en el Ejecutivo.

«Rajoy tiene que nombrar ya un vicepresidente económico… y un vicepresidente político», me comentó en privado un personaje en alza en el mundillo de los «populares», donde se evidencia un deseo de que se produzcan cuanto antes cambios de calado, unos cambios que Mariano Rajoy no parece dispuesto a propiciar, al menos por ahora. Los críticos, incluso dentro del propio elenco ministerial, creen que Sáenz de Santamaría está demasiado volcada a sus tareas como portavoz e imagen de un Gobierno que, en cuanto a coordinación, aparece demasiado disperso y con algunas figuras, como Ruiz-Gallardón, García Margallo o José Ignacio Wert, que parecen ir por libre, tanto en sus declaraciones públicas como en sus actuaciones, alguna tan polémica como las referentes al área de la Justicia.

Y un elenco ministerial que, desde luego, podría haber mejorado su actuación colectiva en una crisis política tan importante como la que enfrenta a la Generalitat catalana con el Gobierno central, que no es lo mismo que decir que enfrente a Cataluña con el resto de España. En el PP subrayan que desde La Moncloa o sus aledaños hacen falta voces tan enérgicas, a la hora de denunciar los excesos y peligros de Mas, como la del Nobel Mario Vargas Llosa o, más recientemente, la del comisario europeo Joaquín Almunia.

Sin embargo, Sáenz de Santamaría sigue siendo la figura mejor valorada del Gobierno en casi todas las encuestas, lo que la convierte en una candidata ideal para hacer frente a algunos de los muchos retos que el PP, en cuanto que maquinaria de poder, tiene planteados. La vicepresidenta no tiene hipotecas políticas del pasado, es una figura atractiva para la opinión pública y ofrece la sensación de decir la verdad, hasta donde puede, en sus comparecencias semanales, algunas de ellas bien difíciles por cierto, ante los medios de comunicación. En algunos cenáculos y mentideros del PP se ha oído hablar de ella como posible sustituta de Rajoy, en caso de necesidad -aunque casi todos creen que el presidente intentará concurrir a la reelección en 2015-; más probable parece, sin embargo, que Rajoy se sienta tentado de utilizar la buena imagen de SSS como posible candidata a, por ejemplo, la alcaldía de Madrid, un feudo que, dicen las encuestas, ahora estaría en peligro ante una posible, y quizá probable, unión de PSOE e IU con la abstención de UPyD. Mucho dependerá, en todo caso, de quién sea el candidato socialista a regidor de la capital -muy pocos creen en la continuidad de Lissavetzky-: el tema está aún muy abierto en las dos principales formaciones.

La catástrofe, en todo caso, se centra en la mala gestión del «caso Bárcenas» por parte de partido y Gobierno, en general, y del propio Rajoy, en particular. Existe práctica unanimidad en el PP a la hora de pensar, y decir, que es imprescindible introducir nuevas voces, nuevas ideas, a la hora de abordar un asunto que, judicial y mediáticamente, parece que no ha hecho más que comenzar: demasiados intereses existen para que la cosa no decaiga, dicen, casi resignados, en Génova. La continuidad de Javier Arenas, desaparecido de los medios públicos, como vicesecretario general del partido parece, a estas alturas, impensable. Y no falta quien diga que, ante la cada vez mayor proximidad de unas elecciones autonómicas y locales especialmente complicadas para todos, pero también para el PP, la duplicidad de cargos de la señora Cospedal en el PP y en Castilla-La Mancha resulta muy comprometida.

Mariano Rajoy, en medio de este marasmo, azuzado además por las críticas, muchas procedentes del sector afín a Esperanza Aguirre, de «pasividad» y «blandura» a la hora de encarar la crisis con Cataluña, sigue aplicando sus recetas de que lo urgente es esperar. A ver si las cosas se pudren solas y luego comienza la regeneración. Cierto que, como antes decía, parece haber tomado personalmente las riendas como enlace entre Gobierno y partido, las dos principales patas, junto con el grupo parlamentario -bien gestionado por sus responsables Alonso y Ayllón-, de una formación en el poder. El presidente no quiere, dicen, apresurar ni una crisis ministerial -hay quien pide la incorporación al Gobierno de gente como Josep Piqué, «un catalán no muy contestado por los nacionalistas, al fin y al cabo, y que ahora está ocioso y de moda» -ni un terremoto demasiado perceptible en el partido. Pero aseguran que avanzará, «pasito a pasito», hacia los cambios que prevé más o menos para fin de año. 2014 debe entrar, previsiblemente, con enormes retos, pero también con algunas caras nuevas en el ámbito del poder. Pero ¿no será demasiado tarde?

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