Rafael Martínez-Simancas – Unas pinzas, por favor.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

Igual que hacía el Conde Duque de Olivares cuando avanzaba por el campo de batalla: llevemos unos guantes perfumados en la bocamanga porque el hedor es insoportable. O en su defecto unas pinzas para tapar la nariz, algo que nos evite el desagradable contacto con la corrupción presente.

El informe del Fiscal General del Estado es demoledor y certero, Torres-Dulce ha puesto delante del Rey y del estamento judicial el espejo que nos contempla y la imagen grotesca proyectada no puede ser peor para un país que trata de recobrar la confianza. En los últimos tres años las sentencias condenatorias por corrupción aumentaron el ciento cincuenta por ciento, con esa ratio de trincón per cápita no sé dónde queremos ir. Una cosa es la economía sumergida y otra esta de cloaca que impera.

Por ahí fuera se fían poco de nosotros, y dentro hay un cansancio de gotera de grifo mal cerrado, también se ha extendido un cierto derrotismo: parece que contra la corrupción no se puede hacer nada. Esa bajada de moral es producto de una escasa ética que no lleva a nada bueno salvo a que sigan haciendo negocio a nuestra costa: cuanto más pardillos y peor formados mejor para los intereses de los corruptos. A cada paso otro asunto demencial, el último tiene que ver con la manera de expoliar los fondos públicos para una mariscada navideña de UGT en Sevilla, y luego tener la cara de tocar la factura como si los langostinos de Sanlúcar que caían a docenas fueran parte de unos cursos de formación. Y a Cándido Méndez no se le cae la barba de vergüenza y los presuntos implicados se enrocan bajo la bandera del sindicato para no dar explicaciones. Algo que recuerda de mala manera a aquel alcalde de Alhaurín El Grande acusado de cohecho, blanqueo de capitales y prevaricación que cuando era detenido vociferaba que no iban contra él si no contra el PP. Acabó siendo condenado por cohecho por la Audiencia Provincial de Málaga. Aunque el verdadero «campeón» en estas lides fue el alcalde de Abdalajís, hermoso valle del interior malagueño, condenado por doce delitos de corrupción urbanística pero liberado de tal carga por el Consejo de Ministros que lo indultó con Rajoy al frente. Antes Zapatero se había despedido indultando a un banquero.

Sólo hay algo al mismo nivel que la corrupción: la pasividad ciudadana que no levanta la voz, nos hemos acostumbrado al petardeo agudo que hacen las moscas azules al volar. Cuando el público no reaccionaba a su espectáculo de magia Pepe Carrol decía: «¡vaya, parece que están ustedes pintados al óleo!». Eso mismo: el informe de la Fiscalía nos ha dejado pintados, ya solo falta elegir el marco.

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