Victoria Lafora – Tocado… y ¿hundido?


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Pese a que fue rechazada por mayoría, la decisión de no admitir ni siquiera a trámite las recusaciones de Cataluña contra el presidente del Tribunal Constitucional es muy grave. Al margen de la sensación de corporativismo con la que han actuado los magistrados, tanto conservadores como progresistas, defendiendo su derecho a militar en el partido político que les plazca, la misma permanencia en su cargo de Pérez de los Cobos pone todavía más en solfa la independencia del alto tribunal.

Tras la incapacidad de ponerse de acuerdo del PSOE y el PP la pasada legislatura haciendo que muchos magistrados sobrepasaran con creces su mandato, la recusación (en esa sí estuvieron de acuerdo) de Pérez Tremps para juzgar la reforma del Estatut y la sentencia sobre el mismo, una ola de desprestigio se desplomó sobre el Constitucional.

La renovación de sus miembros, una vez que el PP consiguió la mayoría absoluta y pudo imponer libremente a sus candidatos, no ha salvado la dignidad de la institución, la ha dejado «tocada» y no sabemos si en el futuro hundida.

Todo esto ocurre en pleno reto soberanista del Gobierno de Artur Mas y cuando el Estado se enfrenta a uno de sus desafíos más difíciles. Cuando más falta hace dialogo político y mano izquierda. Con la votación de ayer se suministra a ERC fáciles argumentos para convencer a la ciudadanía catalana de que es mejor marcharse. Porque el motivo de recusación de la Generalitat no se basaba solo en la militancia de Pérez de los Cobos en el PP, que también, sino además en las numerosas críticas vertidas en conferencias y artículos en contra de los «excesos» del Estatut. Llego a decir que se había fomentado el «desprecio hacia la cultura española» y que «el Estatuto era la primera manifestación política de ese desprecio».

Aún así, lo peor de la votación de ayer en el Constitucional es el rechazo a discutir siquiera los argumentos de la recusación. Al no entrar al fondo de la materia se da por hecho que los magistrados admiten que se pueda mentir para acceder al cargo. Ninguno ha puesto el grito en el cielo por el hecho de que Pérez de los Cobos ocultara en la comparecencia ante el Senado, donde se juzgaba su idoneidad, su larga militancia en el Partido Popular y los múltiples trabajos e informes realizados para el partido y su fundación FAES.

¿Para qué sirven entonces las sesiones de los candidatos ante ambas cámaras cuando se puede tergiversar el currículo sin consecuencias reseñables? Un hecho así constituye un salto cualitativo en el deterioro de un tribunal clave en la democracia española y demuestra palpablemente la «invasión y ocupación» que los partidos políticos han hecho de las instituciones del Estado para su beneficio.

Dado que la defensa de los derechos amparados por la Constitución pasa por sus manos sería exigible que sus magistrados respetaran los mínimos principios éticos y entre ellos no falsear su carrera profesional. En Europa se han dado numerosos casos de ministros que se han visto obligados a dimitir por «adornar» su currículo con títulos que no tenían. Aquí lo primero que ha dicho Pérez de los Cobos es que seguirá en su puesto. Es un reflejo del deteriorado nivel democrático que padecemos.

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