Fernando Jáuregui – El Gobierno confía en Hollande, Merkel y Cameron como aliados contra Artur Mas


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Fuentes gubernamentales próximas a La Moncloa admiten que la única solución fiable al problema creado por el afán secesionista del actual president de la Generalitat, Artur Mas, se encuentra en Europa. Discretos contactos con diferentes cancillerías indican que habrá importantes muestras de rechazo a un proceso independentista catalán procedentes de, al menos, París, Berlín, Roma y Londres, lo que minimiza la importancia de las «adhesiones» a la «vía Mas» de países menores en la UE, como Letonia o Lituania, que se apresuraron, en todo caso, a matizar o desmentir tales apoyos, expresados a preguntas de la agencia catalana de noticias, una vez que el Ministerio de Exteriores les pidió explicaciones.

La buena sintonía del ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, con los círculos políticos europeos -al fin y al cabo, fue muchos años eurodiputado– y la labor discreta pero sin duda eficaz de personas situadas en puestos clave, como el secretario general del Partido Popular Europeo, Antonio López-Istúriz, hacen que esta confianza se incremente. Y ello, pese a que en el reciente viaje de Margallo a París ha recibido descomprometidas respuestas públicas de su colega Fabius, en el sentido de que lo de Cataluña es un «problema interno» de España. Pero esa es, dicen medios diplomáticos españoles, una «respuesta de manual», casi obligada; en realidad, Francia está muy preocupada por la deriva independentista de su vecina Cataluña, desde donde, por cierto, se multiplican los esfuerzos de imagen para «vender» las ventajas que para Francia tendría una Cataluña independiente. No parece la «diplocat» haber logrado grandes avances en este terreno, y todo hace pensar que, aunque cautamente, el propio Hollande hará saber a la UE su posición de inquietud ante los planes de Mas.

La gran pregunta es si la canciller Merkel, a la que el Gobierno español considera vencedora fuera de toda duda en las elecciones de este domingo en Alemania, aunque puede que luego se vea forzada a repetir un gabinete de gran coalición, haría, en su caso, lo mismo que el presidente francés. A nadie le cabe duda alguna de que, a medida que un posible referéndum secesionista se aproximase, Rajoy emplearía todas sus armas diplomáticas, e incluso comerciales, para asegurar un fracaso de esta consulta, como está haciendo, de manera obviamente inteligente y sin estridencias, Cameron en Gran Bretaña, donde se espera un «no» a las pretensiones de «Yes Scotland». Y la primera de estas armas será la necesidad que la UE tiene de mantener su actual «statu quo», lejos de «aventuras», especialmente en una de las naciones que forman parte del «convoy de cabeza» de la Unión.

Esta influencia decisiva de la UE -se repetirán declaraciones hostiles a la independencia catalana como las que ya hicieron el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, y el comisario y vicepresidente Joaquín Almunia. De hecho, se espera que el propio Van Rompuy se exprese pronto en el mismo sentido- hace que las elecciones europeas del año próximo cobren mayor importancia. Una gran presencia en el europarlamento de los dos principales partidos nacionales, PP y PSOE, aseguraría un «lobby» más eficaz en los decisivos pasillos de Bruselas contra el independentismo.

De hecho, esta «vía europea», precisamente cuando el euroescepticismo crece entre los españoles, es, para el Gobierno central, el arma más eficaz contra las pretensiones de Mas. Mucho más que un diálogo entre La Moncloa y la Generalitat en el que ninguna de las dos partes parece creer demasiado, aun en el caso de que «Madrid» llegue a hacer «concesiones económicas» a la autonomía catalana. Sin embargo, no se descartan, según una mayoría de fuentes, reformas legales, e incluso constitucionales -cosa a la que Rajoy, en público, se opone–, que hagan «más placentera» la vida de los nacionalistas dentro del Estado. Con todo, la palabra, hay que insistir, la penúltima palabra para hacer añicos una consulta que, probablemente, el Gobierno central tendrá que acabar admitiendo de una u otra forma, la tienen, también en esto, Hollande y Merkel. Ni más, ni menos.

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