Fermín Bocos – Ofensiva diplomática.


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Dejó escrito el clásico que cuando un error se repite una y otra vez, deja de ser error y se convierte en opción. Lo estamos viendo estos días en las cosas que dice Artur Mas sobre Cataluña y la Unión Europea. El presidente de la «Generalitat» sabe que el Tratado de la UE prevé que si un territorio de uno de los países signatarios se separara del Estado firmante, en ése mismo momento deja de pertenecer a la Unión. Lo recordó hace un par de días en Barcelona el comisario Joaquín Almunia y lo ha reiterado en Madrid, Michel Bernier ,otro de los miembros de la Comisión Europea. Lo sabe, pero, aún así insiste porque es consciente de que sí reconociera que la hipotética secesión de Cataluña comportaría su automática exclusión de la Unión, se enfriaría el entusiasmo de muchos de los que se han sumado a la ola de la «Vía Catalana» sin pararse a pensar en las consecuencias. Mas y su portavoz, Francesc Homs, saben que están proclamando una falsedad, pero confían en los medios afines para reiterar el mensaje. En definitiva, las opiniones de la gente se basan en la información de la que dispone y esa información, en el caso de la mayor parte de los medios catalanes entregados e integrados como están en la deriva secesionista, ha sido seleccionada para orientar hacia una conclusión en vez de otra. Frente a éste desafío a la verdad, ¿qué debería hacer el Gobierno que preside Mariano Rajoy? Pues, entre otras cosas, lo que está haciendo: intensificar la ofensiva diplomática para contrarrestar la campaña de contactos internacionales desplegada por la «Generalitat». No es casualidad que el ministro García Margallo esté multiplicando su presencia en foros y demás eventos para explicitar, dentro y fuera de España, las consecuencias de una hipotética secesión de Cataluña. Cosa diferente es atreverse a pronosticar el efecto que puede conseguir la reiteración del discurso constitucionalista entre quienes en una labor paciente de años y con medias verdades o con falsedades manifiestas fueron reclutados para ése ofuscamiento pequeño burgués que es como de Lenin definía al nacionalismo. En fin, tengo para mi que los esfuerzos de García Margallo son encomiables, pero también pienso que en relación con éste asunto quizá sea tarde para cualquier cosa que no sea la exigencia del cumplimiento sereno, pero estricto, de lo dispuesto por la Constitución y las leyes que de ella emanan.

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