Escaño Cero – La revolución de Francisco.


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

El Papa Francisco provoca la misma irritación al sector más «conservador» de la Iglesia que la que Jesús provocaba a los sacerdotes de Jerusalén. Predicar contra los privilegios y sobre todo sacudir la conciencia de quienes se han olvidado que antes que Príncipes de la Iglesia son pastores, es algo parecido a lo que Jesús hacía en aquella Jerusalén de hace más de dos mil años.

El nuevo Papa también está cambiando el «paso» de quienes en vez de preocuparse por el dolor de sus semejantes, por sus problemas reales, se han dedicado a echarles del seno de la Iglesia.

Francisco apuesta por abrir las puertas de la Iglesia a todos los que ésta ha excluido: mujeres que han abortado, personas divorciadas, homosexuales. No juzga sino que les invita a volver unirse a la Iglesia. Lo cierto es que desde Juan XXIII la Iglesia Católica no había tenido un Papa que antepusiera la misericordia, el perdón, la generosidad, el afecto, a otras cuestiones. Papa Francisco está haciendo más por la Iglesia de lo que él mismo puede imaginar. Y es que la Iglesia de Francisco es una Iglesia de puertas abiertas, una Iglesia que quiere acoger, una Iglesia donde resteñar heridas, donde encontrar perdón y comprensión en vez de amenazas y exclusión.

Hay gente que vuelve a mirar hacia la Iglesia desde que es Papa éste jesuita argentino que está provocando solo con la palabra una autentica revolución. Pero lo más sorprendente es como quienes militan en la más absoluta rigidez doctrinal, quienes pecan de soberbia creyéndose en posesión de una única verdad, quienes temen perder sus privilegios y que hace décadas que no pisan la realidad y desconocen a los fieles, sus problemas, sus sufrimientos, éstos ya digo, son los principales enemigos del Papa, mientras que la gente común vuelve sus ojos hacía Francisco porque encuentran en sus palabras el Evangelio y a Jesús mismo. Aquel carpintero convertido en pescador de hombres tenía por amigos a la gente sencilla, y las mujeres, sí, las mujeres, contaban un lugar especial entre quienes le seguian. Abominaba de los altos sacerdotes del Templo de Jerusalén a los que calificaba de «sepulcros blanqueados», y vivió una existencia sencilla, alejado de cualquier privilegio y boato.

A muchos de esos «sepulcros blanqueados» de la actualidad seguramente les desconcierta e irrita que Francisco viva en una modesta residencia en vez de en los palacios vaticanos. Y les irrita aún más verle a él, todo un Papa, salir al encuentro de los más necesitados, de los más pecadores. Desde algunos estamentos de la Jerarquía eclesiástica se intenta reinterpretar al Papa, pero es una tarea inútil, porque Francisco habla alto y claro y no deja lugar a que haya que interpretarle.

La Iglesia Católica estaba sufriendo una profunda crisis, cada vez eran más los bautizados que se alejaban de su seno, o que eran rechazados por la propia Iglesia. Con Francisco las cosas han cambiado. Ojalá le dejen llegar hasta el final.

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