Francisco Muro de Iscar – El Papa valiente.


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Este Papa no va a dejar indiferente a nadie y ya tiene a todos pendientes de sus palabras, de sus gestos, de sus hechos. No hay «franciscólogos» y no es fácil hacer el máster en cuatro días, pero está siguiendo un camino bastante recto. Eso no quiere decir que en una cultura tuitera como la vivimos, de 140 caracteres, se transmitan o se entiendan bien algunos de sus mensajes. Decir que «el Papa quiere aparcar los mensajes sobre aborto, gays, anticonceptivos y abrir caminos nuevos» o que «el genio femenino es necesario donde se toman las decisiones importantes» no quiere decir, como algunos cristianos y no cristianos han interpretado, que Francisco I se va a cargar la doctrina de la Iglesia sobre el aborto, a bendecir la homosexualidad, a dar vía libre a los anticonceptivos o a nombrar a la primera mujer obispo/a. Pero dice mucho de lo que va a ser su papado.

Muchos cristianos están descolocados. Con razón. Yo sí creo que lo esencial va a cambiar. O mejor dicho, que el Papa va a volver a lo esencial del mensaje evangélico, con ilusión, con alegría, con las manos abiertas, sin condenas. Eso sí que lo ha dicho y practicado con meridiana claridad. Vamos hacia una Iglesia católica más alegre, solidaria, participativa, valiente. Nos alejamos de una Iglesia sombría, oscura, siempre con el pecado detrás de nuestras cabezas. Una Iglesia del Amor para ayudar a los que sufren, que son muchos. Una Iglesia, como ha dicho el Papa, «capaz de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla». Una Iglesia «de pastores y no de funcionarios clérigos de despacho». La propuesta evangélica debe ser «más sencilla, más profunda e irradiante. Solo de esta propuesta, dice Francisco I, surgen luego las consecuencias morales». ¿Difiere algo esto del mensaje evangélico? Cristo curo a los enfermos, atendió a los doloridos, perdonó a los pecadores -perdonó siempre-, distinguió claramente entre lo que es del Cesar y lo que es de Dios, fue duro con los corruptos y los que mienten, especialmente sensible con las mujeres y apostó por la vida. No me preocupa la posición que la Iglesia, con este Papa, vaya a tomar sobre el aborto o sobre otros asuntos. Sí me interesa mucho cómo va a cambiar la forma de ofrecer su mensaje, de acercarse a los que sufren, de perdonar a los que se equivocan, de amar a todos los que sienten necesidad de calor.

Eso que dice Francisco I lo vienen haciendo desde hace siglos, pero también hoy, muchos sacerdotes y religiosos, muchas monjas, muchos laicos católicos, muchas ONGs católicas -no sólo Cáritas- que en España y en cualquier lugar del mundo están con los que padecen persecución, con los que necesitan justicia o consuelo, con los que tienen hambre, con los inmigrantes, con los separados o divorciados, con los homosexuales, con los que se prostituyen o son prostituidos, con los que no tienen hogar. Sólo que la Iglesia que sale en los medios es, casi siempre, la Iglesia del no, de la prohibición, del poder. Atentos a Roma.

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