Fernando Jáuregui – Una política europea, al fin, para Mariano Rajoy


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

El presidente Mariano Rajoy, ahora en las Naciones Unidas reclamando un nuevo tratamiento para las «irregularidades» que se practican en Gibraltar, está decidido a pesar más en el ámbito europeo, según creen algunos de sus cercanos colaboradores. Así, La Moncloa está muy interesada en garantizar la reelección del español Antonio López-Istúriz como secretario general del Partido Popular Europeo (PPE) en el congreso que esta «internacional democristiana» celebrará en Dublín el próximo mes de marzo, inmediatamente antes, por tanto, de las elecciones para el Parlamento Europeo.

En principio, la reelección no presenta especiales problemas, ya que todos los socios del PPE consideran que López-Istúriz, que lleva diez años en el cargo, ha realizado una buena labor bajo la presidencia del belga Wilfried Martens. El único nubarrón en el horizonte es, precisamente, que Martens, 77 años, co-fundador del PPE y presidente del mismo desde 1992, tiene complicada, especialmente por razones de salud, la permanencia en el cargo, y un nuevo presidente podría tratar de «tirar» de un nuevo secretario general.

Lo cierto es que todos los sectores de la democracia cristiana internacional parecen ahora comprometidos tanto en la permanencia, en lo posible, de Martens, como en la del español ex asesor de Aznar en la Presidencia del Gobierno de España. Los contactos de López Istúriz en el ámbito europeo se consideran, desde La Moncloa y la sede del PP en Génova, pero también desde otras instancias políticas españolas, «clave» para, entre otras cosas, explicar en el seno de la UE las consecuencias de una posible, y cada vez más improbable desde la óptica europea, secesión de Cataluña. Es esta una cuestión, la de las declaraciones de europeos relevantes en el sentido de que la independencia haría imposible la permanencia de Cataluña en la UE, a la que el Gobierno de Rajoy concede la previsible importancia.

En todo caso, el congreso de Dublín de marzo se considera fundamental en la nueva dinámica que se abrirá en la UE tras las elecciones al Parlamento europeo que se celebrarán entre el 22 y el 25 de mayo. Entre otras cosas, porque las grandes formaciones internacionales concurrirán a esos comicios con sus respectivos candidatos a la presidencia de la Comisión Europea, para sustituir a Durao Barroso y al resto de los comisarios. Los socialdemócratas parece claro que presentarán la candidatura de Martin Schulz, que actualmente preside el Parlamento Europeo. Pero los democristianos se debaten aún entre varias posibilidades, como la de Michel Barnier, comisario de Mercado Interior y Servicios, o la del primer ministro finlandés, Jyrki Katainen, entre otros.

La importancia de la «cumbre» del PPE no se limita solamente a que sea el «pistoletazo de salida» de la candidatura de un conservador para presidir la Comisión Europea; es que, asimismo, cabe la posibilidad de que un Gobierno de gran coalición en Alemania, cada día más claro motor de Europa, se extienda también al Parlamento Europeo, de manera que se dé un acuerdo entre democristianos y socialdemócratas alemanes para que sea un socialista (Schulz) quien presida la Comisión, mientras que un democristiano sustituiría a Herman Van Rompuy al frente del Consejo Europeo. Una «grosse koalition» a la europea, nada menos.

Este acuerdo, sobre el que se rumorea a gran escala en los «pasillos» de la UE, para no citar ya los despachos de los partidos políticos en Berlín, tendría, si llega a concretarse, una enorme trascendencia en un momento en el que Alemania trata de mostrar su hegemonía en Europa y en el que el Viejo Continente está siendo acusado de mantener un perfil excesivamente bajo en los conflictos internacionales. Y, desde luego, serviría también para disminuir el peso específico de formaciones pequeñas, y a veces algo esotéricas, en el Parlamento de Estrasburgo-Bruselas.

Sucede que Mariano Rajoy no quiere ni que su Gobierno ni, lógicamente, España, permanezca fuera del epicentro de los grandes cambios que se adivinan en el futuro panorama europeo. Y, según fuentes de La Moncloa, moverá cuantas piezas hagan falta para ello. De momento, ya ha enviado a un representante de alto nivel del PP, el vicesecretario general Esteban González Pons, para que le represente en el congreso del Partido Conservador Británico, que se celebra este fin de semana en Manchester, y trate de «quitar hierro» al contencioso de Gibraltar, más candente, paradójicamente, ahora que el presidente español ha decidido denunciar el «estatus» del Peñón ante las Naciones Unidas.

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