Al margen – El trilingüismo


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

La comunidad educativa de Baleares afronta su segunda semana de huelga y movilizaciones contra la absurda ocurrencia del PP de las islas según la cual los niños habrán de estudiar y dar clase en tres idiomas distintos. No es, ciertamente, la única ocurrencia absurda del PP, ni la única que gracias a sus mayorías absolutas se transubstancia en ley de obligado cumplimiento, pero ésta que ha incendiado los ánimos de los profesores, de los alumnos, de las familias y de la gente sensata en general, riza, como si dijéramos, el rizo de la absurdidad, pues instaura en las aulas una Babel de lenguas que sólo puede derivar en confusión y en germanía.

Se ve que para que los niños baleares no aprendan debidamente el catalán, una de sus dos lenguas naturales, el ejecutivo de Bauzá ha decidido meter el inglés por medio, a todo pasto, llevándose por delante también al castellano, que sale tan mal parado como su idioma fraterno, gemelo, el catalán. ¿Para qué otra cosa podría servir esa tontuna de dar la clase de ciencias en un idioma, la de matemáticas en otro y la de geografía en otro más? Para aprender idiomas, que es la coartada de Bauzá para instaurar el dislate, lo que se necesita es, sobre todo, aprender uno muy bien, el de uno, y a ello ha de tender la educación primaria y secundaria. Sin esa palanca, doble para quienes tienen la fortuna del bilingüismo espontáneo, es imposible no sólo aprender bien ningún otro idioma, sino maldita la cosa. ¿Para qué quiere Bauzá meter el inglés a presión, de carabina, entre el castellano y el catalán? ¿Porque sólo augura para los niños baleares, dadas sus políticas y las de su partido, un futuro de camareros y de recepcionistas?

Es tan absurda la pretensión del trilingüismo manu militari, que la ley que lo promulga se llama TIL, una voz que ningún idioma del mundo querría. ¿TIL? Pero el desarrollo de esas iniciales es aún más escalofriante: Tratamiento Integral de Lenguas. Oh, Dios, no parece sino que el PP no ve en las lenguas sino glositis o estomatodinias, síndrome éste último, como se sabe, de la lengua ardiente. Y como ve eso, mete el bisturí del inglés para sajar los tejidos que cree infectados. La patria del hombre es su infancia, y, por consiguiente, su lengua. Una, perfecto. Dos, maravilloso. Pero tres, en ésto y en todo, son multitud.

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